jueves, 27 de febrero de 2014

CAPITULO 12

― Te Amo— deje escapar en un suspiro, de inmediato sentí el peso de mis palabras el cuerpo de Pedro se tensiono por completo y dejo escapar un jadeo de sorpresa.

― Pau ¿Qué fue lo que dijiste?— me pregunto y me congele de inmediato. Mi cuerpo se convirtió en piedra sobre la piel de su pecho, mi respiración se entrecorto— ¿Pau?— Volvió a llamarme pero yo estaba inmersa en otro mundo, uno en el que tenía que pensar rápidamente mi respuesta.

El sudor frio comenzó a hacer estragos en mi, solo habían pasado unos segundos pero para mí han sido eternos, ¿Qué demonios le digo?, ¿Qué fue un error?, ¿Qué lo dije sin pensar? Mi cabeza era una maraña de cosas, cada segundo que pasaba mi cuerpo se sentía aun más tenso de lo que ya estaba. ¿Qué podía hacer? Solo tenía dos opciones afrontar o negar… obviamente escogí la más fácil.

― ¿Qué?— pregunte con una altanería que salió de no sé dónde.

― ¿Qué fue lo que dijiste? Lo escuche— me dijo con voz sutil, no había ni una clase de sentimiento en su voz por lo que me atemorizo mucho mas, valor era lo que necesitaba en este momento, aun dudaba que saliera victoriosa de este asunto pero por lo menos podría intentarlo.

― Si lo sé, lo dije en voz alta, creo que cuando las personas hablan así es porque quieren que las otras las escuchen— Pedro me levanto de su pecho y me miro extraño sus ojos estaban sigilosos al igual que todo su rostro, estaba evaluando detenidamente mi expresión. Me miro unos segundos más y me aparto.

― No digas cosas que no sientes— murmuro solo para nosotros dos, el miedo invadió nuevamente mi cabeza y corazón, el tono que ocupo era de alguien frio y calculador ¿se habían acabo los días felices? Se paro del sillón y se comenzó a vestir

― No era mi intensión molestarte— imite su acción, me puse nuevamente el traje de baño pero esta vez no tenía ganas de volver a la piscina solo quería encerrarme en mi habitación y llorar. Lamentablemente tenía que terminar con esto si el descubría que realmente lo amaba creo que no sería tan amable como lo es ahora. Mi corazón se sentía vacio, el Te Amo que había dejado escapar había quedado suspendido en un espacio sin nada, no tenia donde afirmarse para echar raíces, mi amor no era correspondido y dolía darse cuenta que jamás iba a cambiar mi situación.

― No me molesta pero no me gusta mezclar las cosas, Pau— su voz era grave, maldita sea si lo había dicho tenía que asumir las consecuencias de mis actos, lo mejor era negarlo, negarlo hasta el final.

― Puedo decir que lo dije con razón, amo estar contigo Pedro ¿acaso no se nota?— una sonrisa vacía apareció en mi cara, Pedro me miro y estrecho sus ojos.

― Si, a mí también me gusta estar contigo Pau, lo sabes pero la palabra amor no se puede aplicar a lo que nosotros tenemos— en ese instante me congele, mi corazón o lo que quedaba de él se congelo y partió en mil pedazos, tenía razón había sido un error y me alegraba no habérselo confirmado así no saldría más herida de lo que estaba ahora.

― Tienes razón, la oración correcta seria, adoro el sexo que tenemos ¿cierto?— Pedro no me miro se giro hacia la ventana y perdió sus pensamientos en el paisaje que esta le ofrecía, mordí mi labio inferior reprimiendo las ganas de llorar, ¡dios mío! Como dolía sentirme así, pero tenía que ocultarlo. El teléfono de la casa comenzó a sonar, todas las líneas que estaban dispersas por la estancia sonaron al mismo tiempo, el cuerpo de Pau tenso, sus puños se apretaron y comenzó a caminar hacia la puerta.

― Iré a contestar, si quieres vuelve al agua, enseguida iré contigo.

― No gracias, creo que preparare algo para comer.

― No te molestes y pide algo por teléfono— y salió de la sala, un minuto después el sonido se detuvo. Mi corazón latía lento y cansado, la opresión que sentía en mi pecho no lo dejaba latir a más velocidad.

¿Qué había sido esto?, ¿de qué demonios se trataba? ¡Maldita sea! Lleve mis manos hacia mi cara y la frote repetidas veces, ¿cómo había llegado a este punto? Mis piernas comenzaron a flaquear, me sentía débil pero sabía que era para mejor, prefería sentirme así a tener el corazón roto en mil pedazos, negarlo frente a Pedro  creo que había sido la mejor decisión que podría haber tomado, me ahorro un dolor mayor. Intente moverme pero mis piernas aun no respondían, tenía que actuar normal, todo tenía que ser como siempre y lo conseguiría. Respire unas cuantas veces más y me intente tranquilizar, la idea de Pedro de pedir algo por teléfono era buena pero tenía que distraer mi cabeza en algo así que cuando pude caminar partí a la cocina y comencé a preparar lo primero que se me paso por la cabeza. Pedro no entraba en la cocina, el teléfono volvió a sonar y nuevamente fue contestado, asumí que debería estar hablando por teléfono. Metí mi cabeza de lleno en la cocina, prepare pollo salteado con verduras, no sé porque lo hice pero fue lo primero que se me ocurrió. Al cabo de cuarenta y cinco minutos Pedro entro en la cocina, venia con su rostro pálido y con el teléfono en la mano. Mi conciencia y mi corazón se preocuparon, no tenia buen aspecto, ni siquiera tenía el que le había visto antes de salir, se veía como si algo malo hubiera sucedido. Me acerque rápidamente a donde estaba, su cuerpo se apoyo en uno de los mesones y llevo su pulgar a su boca.

― Pedro ¿estás bien?— pregunte acercándome a él— ¿Pedro?— volví a insistir al no ver respuesta.

― Si— respondió taciturno y en un susurro— no te preocupes— me miro directamente a los ojos y me perdí en el verde de sus hermosos orbes

― Bien— concedí dudosa, no tenia para nada de buen aspecto— prepare pollo con verduras, espero te guste— me gire y camine hacia donde tenía servida la comida, Pedro me dio una media sonrisa y se sentó a comer sin hacer comentarios.

El almuerzo fue un infierno, Pedro estaba callado, no decía nada, si por alguna posibilidad había quedado afectado por la conversación que tuvimos con lo que le paso después quedo peor, su rostro estaba aun mas pálido de lo que ya era. Comimos en silencio inmersos en nuestro propio mundo, la mesa que nos dividía era la muralla que se formo entre nosotros. Cuando acabamos de almorzar me levante disculpándome con él y me Salí de allí, era demasiado lo que dolía su rechazo pero no podía negarme yo fui la primera que negó el amor que sentía, ¿cobarde?, por supuesto, es la peor cobardía que he hecho en toda mi vida, jamás había negado algo y comencé con lo único que podía traerme a la vida, el amor. Subí rápidamente las escalas de la gran mansión, el silencio y el miedo nuevamente hicieron estragos en mí ¿pero qué podía hacer? Ya lo había negado, como cierto personaje negó a un grande alguna vez en la historia, negué mi amor y tenía que vivir con las consecuencias de ello.

Abrí la puerta de mi habitación ansiosa por llorar, apreté mi labio inferior hasta casi dañarlo, cerré la puerta y me deje caer sobre el frio suelo, las lagrimas bañaron mi rostro hasta que mis ojos ardieron. Estaba dolida y a la vez asqueada todos los maravillosos sentimientos que me había provocado estas semanas con Pedro se habían ido a la basura, me levante del suelo y me dirigí al baño. En mi rostro quedaban pocas evidencias de los golpes que me había propinado mi madrastra, sentí unas locas y desesperadas ganas de salir corriendo de esa casa y no volver mas pero por una extraña razón no podía, tenía una enorme opresión en el pecho que no me dejaba salir de allí como si alguien estuviera sufriendo, como si Pedro estuviera mal y necesitara de mi aunque sabía que eso no era posible él era el hombre del corazón de hierro y no dejaba que sentimientos tan humanos como el dolor lo afectaran.

Una hora más tarde un suave golpe en la puerta me hizo saltar, estaba sentada contra la ventana con mi cabeza enterrada en mis pierna, la piel de mis rodillas estaba completamente empapada por las lagrimas que había derramado, mis ojos ya estaban resecos y rojos de tanto llorar, limpie mi rostro trate de componerme antes de dar la entrada.

― Pasa Pedro— dije sabiendo perfectamente quien era. El cuerpo de él se asomo por la puerta cauteloso, parecía un gato tanteando un terreno desconocido, su vista observo rápidamente toda la habitación y camino hacia donde estaba yo, aun su rostro se veía pálido y unas enormes areolas de color morado habían aparecido bajo sus ojos, se notaba cansado— ¿Qué pasa?— le pregunte con preocupación, cualquier cosa que sucediera antes se veía desplazada con el miedo que sentía de que le pasara algo.

― No… no me siento bien— dijo lenta y pausadamente pero con rigidez en el tono de voz.

― Demonios— dije en un susurro, tome el brazo de Pedro y lo arrastre hacia la cama, el solamente se dejo caer y cerro sus ojos.

― ¿Qué pasa?— pregunte cuando su expresión paso a ser de dolor.

― Me duele— dijo llevando una mano al puente de su nariz— Pau me duele mucho— jadeo de dolor— ¡Ah! Maldita sea— exclamo golpeando la cama con la otra mano libre que tenia.

― Maldita sea, llamare a Hernan— me Salí de la cama y tome mi celular, con rapidez y algo de torpeza marque el numero de mi amigo, espere al tono…

― Su llamada será transferida a un buzón de mensajes…

― ¡maldita sea!— grite y lance el celular al sillón— Pedro— me acerque nerviosa— Pedro dime ¿Qué sientes?

― Me duele la cabeza, siento que me va a explotar— decía en un susurro, sus manos se fueron a sus ojos cubriéndolos con fuerza, las mías las trataron de bajar, si ejercía esa presión sobre su cabeza podría aumentar la molestia

― Tranquilo— pase mi mano por su frente acariciándola, Pedro con el paso de los minutos fue cayendo en inconsciencia hasta que se quedo dormido.

Vele su sueño por toda la tarde, en reiteradas ocasiones su ceño se fruncía de manera muy marcada, se removió en la cama inquieto. Llame a Hernan pero él seguía aun sin contestar, sin que él se diera cuenta le administre un calmante suave, inyecte con gran cuidado en la piel de su brazo y el no pareció notarlo. Durmió hasta que el sol estaba casi poniéndose, yo seguía a su lado, como siempre. Pensé mucho, pensé en todo lo que nos habíamos dicho pero no sacaba ninguna conclusión, yo desde el principio había aceptado que esto fuera así y no era quien como para pedir un cambio, Pedro no me amaba y por eso yo tenía miedo de amarlo sin ataduras, sentía que mi amor estaba ligado al miedo y a la inseguridad de nuestra relación, también sabía que ese estado era muy difícil de cambiar pero seguiría así porque aunque sintiera miedo lo amaba como jamás pensé hacerlo, el alejarme de su lado creo que sería lo peor que podría pasarme. El orgullo aquí no jugaba un papel muy importante.

― Pau— susurro buscándome por la habitación, aun parecía estar dormido, se removió en la cama, sus manos me buscaban a tientas— Pau— me volvió a llamar, me acerque a su cama, la oscuridad de la habitación no lo dejaba ver nada.

― Aquí estoy— le dije acercándome a su lado, tome su mano y me recosté junto a él, sabía que esta era mi rendición pero no me importaba, estar así resguardada en su pecho era lo único que necesitaba, por el momento. Mi cabeza descansó sobre su pacifico pecho, el corazón de él latía lento.

La mano de Pedro paso por mi espalda y me pego a su cuerpo, soltó un enorme jadeo y pudo respirar en paz. Estuvimos así por más de una hora, solo abrazados sobre la cama, levante la cabeza y Pedro tenía sus ojos cerrados, la respiración acompasada me decía que estaba en un profundo sueño. Pedro no despertó mas, el calmante tenía que estar haciendo efectos en el, cuando el reloj marcaba casi las diez, me cambie pijamas y lo desvestí a él también. Nuevamente me recosté sobre su pecho y me perdí en el mundo de los sueños, uno que tenia por protagonista a un cabello cobrizo y unos ojos esmeralda.

A la mañana siguiente, abrí mis ojos con la fuerte luz que se colaba en la ventana, mis manos registraron la cama y me alarme al no sentir nada más que soledad en las sabanas. Abrí mis ojos con rapidez y me incorpore, mire hacia mis lados y la habitación estaba completamente vacía. Mi pecho se oprimió, esta era la primera vez en muchos días que no despertaba sola en la cama, me había acostumbrado a que lo primero que veía en la mañana fuera el rostro de Pedro. Me puse mi bata de satén blanca y recorrí la habitación, no había rastro de el por ninguna parte el miedo comenzó a hacer estragos en mi ¿Dónde estaba? ¿Se había ido al trabajo sin despedirse de mí?, si había sido así tendría que acostumbrarme solo me quedaba una semana en esta casa y después de eso ya no habrían mas amaneceres con él ni nada por el estilo, estaba segura que nuestra "relación" estaba acabando, lo presentía. Salí de la habitación y quede sorprendida al ver a Fede pasar con una enorme maleta hacia la habitación de Pedro, camine rápidamente por el pasillo hacia la puerta, entre y vi a Pedro parado mirando por la ventana y a Fede llenando la maleta que había traído con la ropa de él, si hubiera podido habría caído al suelo de rodillas con una expresión de incredulidad, pero tenía que controlarme, respire algunas veces antes de que alguno se diera cuenta de mi presencia, Fede giro su cabeza y me saludo.

― Buenos días Señorita Chaves— me dijo con el mismo tono gentil de siempre, Pedro  al escuchar el saludo se giro inmediatamente hacia mí, sus ojos se veían tristes, tenía unas marcadas ojeras debajo de sus ojos y además su rostro mas pálido de lo normal.

― Bue… buenos días— salude con visible torpeza, camine lentamente por la estancia de la habitación hasta quedar en el medio de ella, Pedro se giro hacia Fede y le hizo una seña, el asintió con una reverencia y salió dejándonos solos.

― Ayer no tuvimos oportunidad de hablar— comenzó a decir serio y con una voz más fría que un iceberg— pero lamento decir que hoy tendré que salir de viaje

― ¿viaje? — tartamudee pero recordé quien era yo en esa casa, nadie— está bien— me corregí a mi misma— que te vaya bien— le desee y me gire para salir, estaba dicho, esto se había acabado

― Pau— me llamo con suave pero rígida voz.

― ¿Qué?— pregunte girándome

― Siento no habértelo dicho ayer, este viaje no estaba en mis planes.

― No te preocupes además eres dueño de hacer lo que quieras con tu vida, como te dije espero te vaya bien y que tengas un buen viaje, hasta pronto.

No espere a que me contestara, con el mismo orgullo mancillado salí de la habitación, camine rápidamente por el pasillo hasta la mía. Sentía mi respiración atrapada en mi garganta, algo como una pelota de llanto y jadeos se acumulo en ella pero mi mano fue más rápida para detener cualquier cosa que quisiera salir, no permitiría que él me viera flaquear, mi cuerpo se deslizo por la madera de la puerta cuando esta estuvo cerrada, las lagrimas estaba atoradas en mis ojos pero con un control increíble evite que se derramaran, no podía derrumbarme por un viaje ¿tan enamorada estaba como para sentir su partida? Si, lo estaba. El ponía tierra entre nosotros y lamentablemente yo no haría nada contra eso ¿cobardía? ¿Miedo? Claro que si, era la mujer más cobarde del mundo, incapaz de pelear por un amor, por ese que me hacia respirar, pensar y vivir, pero también por ese que no me daba nada más que sexo a cambio, ¿Qué era el amor para él? ¿Se habría enamorado alguna vez? No sabía las respuestas y creo que nadie en el mundo podría respondérmelas, solo él.

Sentí el arrastrar de las ruedas y muchos pasos, sentí unos aproximándose en el pasillo pero pasaron de largo, ida y vuelta, Fede pensé solo para mí. Se había ido y ni siquiera se había despedido, el pecho ahora dolía aun más ¿Por qué sentía como si me hubiera dejado abandonada? ¿Por qué tenía la sensación de que jamás volvería a ser mío? ¿Acaso estaba prediciendo un acontecimiento venidero? ¿Pedro me echaría a su regreso?, mis pensamientos se vieron interrumpidos, mi celular comenzó a sonar, estaba tan inmersa en mis pensamientos que por primera vez no me interesaba quien era, solo sentía el dolor de su partida y la soledad apoderarse de mi corazón.

Ese día lunes no quise comer, no quise salir, no quise ver a nadie, me refugie en las cuatro paredes que me daban cobijo y me ensimisme en el mundo de mis pensamientos. Al día siguiente mi cuerpo comenzó a trabajar muy temprano, me levante por la mañana y salí de la habitación que me resguardaba del mundo, baje por las escaleras buscando la nada, mi mente estaba muy lejos junto al hombre que la tenia poseída, llegue hasta las escaleras del primer piso y sentí unas voces reconocí la de Fede de inmediato pero una voz ronca llego a mis oídos, no la reconocí como alguien conocido, llegue hasta cierta parte donde se podía mirar de donde provenían y me asombre al ver al hombre que acompañaba a Fede. Una persona de gran estatura estaba parada frente al mayordomo, su cuerpo era fornido y de musculatura, la piel del hombre era morena pero su sonrisa destellaba en su rostro, el cabello lo tenía corto y de color negro azabache. Me estremecí cuando me fije bien, el tipo tenía aspecto de mafioso, sus ojos eran algo extraños, sentía algo malo cuando él hablaba.

― No entiendo porque osa venir aquí— le dijo Fede con un tono que jamás le había escuchado, tenía la voz cargada de molestia pero aun así hablaba casi en susurros, me costaba trabajo saber lo que hablaban.

― Necesito hablar con Pedro ¿Dónde está?— le pregunto con su grave voz.

― Ya le dije está de viaje, además hay visitas en la casa, váyase por favor,

― Hay vamos mayordomo ¿Pedro tiene miedo de que la gente se entere quién soy? ¡por favor!— bufo

― Señor Black, le pido amablemente que se vaya

― Mira mayordomo lo único que quiero es que Alfonso me explique porque no me ha llamado hace mucho que no me pide a ninguna chica, pensé que teníamos un trato, extraño sus pedidos él es mi mejor cliente y no estoy dispuesto a perderlo. ¿contrato a otra agencia?

― ¡no!— se escapo un grito de su pecho, miro hacia sus lados y siguió hablando— le pido que se vaya, el señor Alfonso lo llamara cuando regrese al país.

― Solo necesito saber eso, ¿está llamando a otro proxeneta o no?— mi mente se congelo al igual que todo mi cuerpo ¿proxeneta? Este tipo era un proxeneta… "porque no me ha llamado hace mucho que no me pide a ninguna chica" de pronto esas simples palabras cobraron real sentido en mi mente, mi cabeza hilo todo lo que hacía falta y saque la respuesta, este hombre era el que le traía las mujeres con las que Pedro se acostaba, sentí un escalofrió recorrerme por todas partes, mordí mi labio inferior, ahí estaba la confirmación más clara, Edward se había acostado con todas las mujeres que había visto entrar en su cuarto.

― ¡ya váyase!— le dijo, camine por las escaleras, Fede casi palideció cuando me vio bajando, tenía la mirada fija en mi pero yo estaba mirando al hombre que podría responderme unas cuantas preguntas.

― Srta.… Srta. Chaves— dijo el mayordomo, trago y volvió a hablar— ¿la he molestado?, perdóneme yo…

― Fede, déjame a solas con el caballero— le dije haciendo uso de la calidad de visita que tenía, odiaba mandar a un hombre amable como el pero tenía que averiguar.

― Señorita yo…—

― Vete— le dije— Sr. Black, acompáñeme por favor— le pedí al hombre, me sentí totalmente cohibida por él, sus ojos llenos de libido y su sonrisa seductora me hicieron casi vomitar.

― Claro que si, señorita— me respondió, caminamos hacia la biblioteca, el hombre entro y cerré las puertas cuando estuve dentro de la sala— ¿Quién es usted?— me pregunto con voz suave

― Paula… pero eso no importa quiero saber ¿Quién es usted?— el hombre se acerco y tomo mi mano, beso la parte de arriba y me miro

― Jacob Black, es un verdadero placer conocerla.

― ¿trabajas para Pedro?— pregunte

― Si

― ¿desde cuándo?

― Algunos años

― ¿tu le mandas a esas mujeres con las que se acuesta?

― ¿Quién es usted? ¿su novia?— pregunto con risa burlona

― No pero quiero saberlo ¿necesita algún incentivo monetario para responder mis preguntas?— el tipo me miro sorprendido pero desplego nuevamente la sonrisa.

― No, pero tal vez…— se fue acercando

― Ni siquiera lo piense o le juro que no volverá a ver la luz de día— me crispe completamente, el tipo lo único que quería era follarse hasta la mesa que tenía en frente, su cara de libidinoso lo delataba

― Muy bien chica ruda, me caes bien— sonrió— ¿Qué quieres saber?

― ¿Hace cuando que Pedro no te pide a una chica?

― Hace una semana más o menos, le mande a una a su oficina hace algunos días pero desde ahí nada— mi pecho fue atravesado por un puñal, hace más o menos una semana que había tenido mi accidente. Yo estaba en su casa mientras él se revolcaba con una prostituta en su oficina.

― ¿nada mas?— me pregunto al ver que me quedaba callada, negué con mi cabeza y reprimí con fuerza las ganas de llorar— bien, entonces me retiro, dile a Alfonso que me llame cuando vuelva, quiero saber de él y si estas libre algún día en la noche llámame y sale conmigo— dijo el muy descarado— aquí te dejo mi teléfono— saco de su bolsillo una tarjeta y la puso sobre el escritorio, paso muy cerca mío respirando mi aroma, un escalofrió recorrió toda mi espalda y mi estomago casi se volcó en ese mismo instante.

El hombre salió de la habitación cerrando la puerta, mi cuerpo estuvo a punto de colapsar, me afirme de una de las sillas y solté un jadeo de dolor, Pedro había estado con mujeres después de que yo había comenzado a relacionarme con él, no podía sentirlo como una traición ya que lo nuestro ni siquiera tenía un nombre pero dolía, dolía mas que nada en el mundo, era terrible pensar que mientras se acostaba conmigo lo hacía a la vez con otras, no pude evitar sentirme sucia y utilizada.

Salí de la biblioteca, Fede intento detenerme en el camino hacia el segundo piso pero no lo logro, camine sin rumbo hasta que llegue a la habitación que menos quería ver, la del piano. Me pare en la puerta y llore, lo hice como jamás pensé que lo haría, Pedro me había traicionado sin saberlo, mi confianza estaba por el suelo al igual que mi autoestima. Entre en aquella habitación que tantos recuerdos me traía, me senté sobre el piso de madera y abrace mis rodillas la vista no se despegaba del piano, parecía una patética rutina pero ¿Qué más podía hacer? El no estaba, yo estaba sola en su casa sintiendo su vacio a cada momento y mas encima me enteraba de cosas que jamás había pensado ¿podría empeorar mas este día? El teléfono de la casa comenzó a sonar, ya habían pasado algunas horas y yo seguía allí sentada, solo contemplando el piano. Unos pasos me hicieron reaccionar.

― Srta. Chaves— dijo la voz dulce de Margarite.

― Dime— le dije pasando mis manos por mis ojos, secando las lágrimas. La mucama me miro con pena

― Tiene una llamada

― ¿de quién?— pregunte extrañada, ¿Quién podría llamarme?

― Me dijo que era un amigo suyo pero no dio su nombre, dice que es importante.

― ¿un amigo?— pregunte con dudas, tome el teléfono y le agradecí— ¿diga?— pregunte

― ¿eres Paula Chaves?— me pregunto la voz de un hombre, tenía un timbre que por más extraño que fuera me recordaba a alguien.

― Si, lo soy ¿Quién habla?

― Horacio Alfosnso— mi cuerpo se puso rígido, ¿Horacio Alfonso?, el nombre no me decía nada pero su apellido me lo decía todo.

― ¿Quién es usted?— pregunte con nerviosismo, mi cuerpo comenzó a temblar. ¿le habría sucedido algo a Edward? temí lo peor.

― ¿no sabes quién soy?— bufo— ¡claro! Es obvio que no lo debes saber, bueno soy el padre de Pedro, el hombre con el que te estás acostando.— el sudor que se desplazaba por mi espalda me hizo tiritar, abrí mi boca sorprendida por las palabras del hombre, era el padre de Pedroy lo peor de todo sabia de mi relación con él.

― Discúlpeme señor… pero yo…— intente replicar

― Mire niñita seré breve, tu estas acostándote con mi hijo pero te quiero fuera de su vida ¿Cuánto me cuesta que te alejes de él?— parecía estar desconectada de todo, no entendía nada, ¿Cómo el padre de Pedro se había enterado de lo nuestro? Y lo peor de todo ¿Por qué quería que me alejara del?

― No me ofenda— reaccione de mala manera, la ira se apodero de mi— ¡usted no es nadie para decirme lo que tengo o no tengo que hacer!— le grite con odio

― ¿no me digas?— se burlo— todas las personas tienen un precio y tú no eres la excepción, quiero saber cuánto me sale que te alejes de mi hijo, no te quiero cerca y si ya te embarazaste para atarlo pondré más dinero en la cifra para que pagues por el aborto— en ese momento me sentí morir, mi mano libre se fue a mi vientre, si yo estuviera embarazada de Pedro seria el regalo más hermoso que la vida podría darme, un milagro. Mis ojos se aguaron al instante, Horacio Alfonso, el padre de Pedro no me quería ni a cinco centímetros de su hijo y lo peor de todo es que ni siquiera le interesaba si él había echado raíces en mí.

― ¿Qué demonios está diciendo?— no podía aguantar una aberración como esta— ¡usted es un asco!— le dije sin remordimientos, sentí mi corazón y mi alma retorcerse en mi interior, mi estomago sintió el mismo dolor que todo mi cuerpo.

― Solo soy realista, no quiero a mi familia involucrada con una arribista norteamericana, te quiero fuera de la vida de mi hijo, pone la cifra y será tuya pero vete de su lado además el está comprometido así que pierdes tu tiempo amarrándolo, nunca dejaras de ser su querida— soltó sin más, sentía el cielo caerse sobre mí, si ya me sentía mal creo que ahora podría derrumbarme sin problemas.

― No se preocupe que jamás aspire a mas pero lo que él y yo hagamos es nuestro asunto, no se entrometa.

― Ya lo sabes, pone la cifra pero aléjate de la vida de mi hijo, el ya está comprometido y no dejare que atentes contra su futuro matrimonio si no lo haces juro que te arrepentirás, te volveré a llamar mañana— se sintió un ruido e inmediatamente salió el tono del teléfono, el hombre me había colgado.

Las lágrimas se desataron sin control, un grito de dolor se desprendió de mi pecho, tire el teléfono contra la pared y este se rompió en mil pedazos. Esto era demasiado, ninguna alma podría resistir tanto dolor. Jamás había pensado en la posibilidad de que él estuviera comprometido, si es que lo estaba, ¿debería creerle a su padre? ¿El realmente estaba prometido para casarse? ¡Demonios! Tantas dudas, tantos secretos. ¡No sabría ni por donde comenzar a preguntarle!, sentí los pasos de alguien en el pasillo, la figura de Will se apareció en la puerta sus ojos vagaron de mi hacia el teléfono completamente destrozado.

― Srta. Chaves ¿está usted bien?— me pregunto con apremio

― Lo estoy, lamento lo del teléfono dígale al señor Alfonso que me lo descuente de mi paga semanal— el mayordomo me quedo mirando extrañado por mi respuesta, no le tome importancia a sus miradas y Salí enfurecida de la habitación. Mas que furia lo que sentía era rabia y dolor conmigo misma, ¿Cómo había sido tan imbécil para dejarme engañar?, los objetos que habían dentro de esta casa no serian suficientes para lanzarlos y aplacar mi furia.

Recorrí como alma que lleva el diablo cada metro de la casa, no sabía dónde ir, no sabía qué hacer. Lo único que deseaba era salir de allí, sin más fui por mis documentos y mi celular, marque el numero de la única persona que quería ver en este momento.

― Necesito verte urgente— le dije con ansias— Gege es muy importante— la urgí

― Si está bien, ¿pero qué pasa? ¿estás bien?

― No, necesito verte.

― Está bien, el café de Bock en media hora más.

― Ok, nos vemos.

Baje las escaleras con rapidez, esquive a unas cuantas mucamas en el camino, no quería ver a nadie ni responderle nada a nadie.

― Srta. Chaves ¿Dónde va?— pregunto Fede a mis espaldas, iba de camino hacia el portón de la casa y el estaba gritándome de atrás.

― Vuelvo más tarde— le dije y Salí, lamentaba descargar mi rabia en el pero no tenía otra opción, estaba furica y lo peor de todo es que sentía la decepción mas grande de mi vida, Pedro no podría haberme mentido tanto, no podía.

Llegue al café casi corriendo, me sentía nerviosa y preocupada ¿Cómo demonios iba a enfrentar todo esto? Geraldine entro a los pocos minutos después en el mismo estado, me puse de pie y abrace a mi amiga, el llanto y lo sollozos reprimidos salieron a la luz con fuerza bruta, no me importaba donde estuviéramos solo quería llorar. Cuando estuve más calmada nos sentamos a tomar un café.

― Pau ¿Qué demonios pasa?— me pregunto— estoy demasiado preocupada, ¿sucedió algo? Tu padre y tu hermana están muy bien, si es por ellos…

― No Geraldine no es por ellos, te contare lo que paso.

Comencé a contarle a Rose desde mi fallida declaración de amor hacia Pedro, el rostro de Geraldine se convirtió en una exposición de caras y emociones. Sus gestos iban cambiando a medida que relataba lo que había sucedido, su rostro se crispo y cambio a un rojo incandescente cuando le conté lo del padre de Pedro.

― ¡Es un viejo de mierda!— grito haciendo que todos se nos quedaran viendo

― Lo sé, pero ¿Qué puedo hacer?

― Dile a Pedro lo que sucedió Pau, no se lo ocultes.

― ¿y tú crees que me creerá? Es la palabra de su padre contra la mía— su querida, dije en mi mente y mi cuerpo dolió solo con decirlo

― ¡debería creerte Pau!— dijo enojada, sus puños estaban apretados— ¡maldito viejo! ¿Cómo se le ocurre hablarte así! ¡te intento sobornar!

― Lo sé, lo peor de todo fue la parte del aborto, eso me mato— le confesé clavando mi mirada en la taza de humeante café.

― ¡maldita sea! Odio que te humillen Pau, no dejes que él te amedrente.

― No sé qué hare Gege, no sé, mi amor por Pedro es grande pero no tengo de que alimentarlo, el sexo es algo físico, alimenta solo el cuerpo no el corazón.

― Te entiendo, Pau no sé cómo ayudarte— me dijo con la cara llena de dolor

― Ya lo ha hecho Geraldine, creo que hoy tomare una decisión,Pedro vuelve entre mañana y pasado cuando llegue tendré que hablar con él, será por la despedida o para contarle lo que paso, aun tengo que decidirlo

― ¡Dios Pau!, esto era exactamente lo que yo no quería que pasara— se lamento

― Pero ya sucedió, contra eso no hay nada más que decir, esta noche tomare una decisión.

Ni siquiera sabía que iba a pasar, lo único que tenía claro era que debía tomar una decisión, mis posibilidades saltaban a la vista: me quedaba con Pedro solo para ser su querida hasta cuando él quisiera o me separaba de él y me olvidaba de todo lo que alguna vez tuvimos, la segunda opción implicaba dejar de sufrir por él pero comenzar a hacerlo por amor. Estuve con Rose lo que quedaba de la tarde, ella me acompaño, me consoló y trato de darme un poco mas de ánimos. Estar con mi amiga ayudaba bastante a alivianar la carga que tenía en mis hombros, la decisión que debía tomar pesaba más que cien cosas sobre mi espalda. Llegue a la mansión casi al anochecer, Fede estaba esperándome paciente al lado de la puerta, evadí sus preguntas y me fui a mi habitación pidiendo no ser molestada. Cuando entre di un enorme respiro de tranquilidad, lo único que quería era estar alejada del mundo ¡quería paz! Pero debía hacerlo de manera correcta si todo salía bien mi situación mejoraría dentro de unos pocos días mas y ya todo volvería a la normalidad, debía ser paciente y esperar.

Las horas pasaron y no sabía qué hacer, me sentía aprisionada en estas cuatro paredes, la habitación cada vez se hacía más pequeña, estaba tan aburrida de estar sola y eso que solo llevaba algunas horas ¿Cómo sería si Pedro desaparecía de mi vida para siempre? ¿Moriría de amor por él?, quizás si… esperaba tener un poco de resistencia al menos. Sin nada más que hacer o pensar prendí la televisión, tenía en mi habitación un enorme plasma, yo nunca había visto televisión seguido, no era fanática y además por mis turnos en el hospital me costaba mucho engancharme con cualquier programa, siempre que comenzaba a ver uno nunca lo podía seguir. Hice un poco de zapping y lo de en un canal de espectáculos, me tire hacia atrás cerrando mis ojos y sintiéndome acompañada solo con las voces que salían de los parlantes del televisor. Pensé, pensé, pensé, pero nada salía de conclusión, no sabría ni siquiera como decirle a Pedro, "¿sabes? Supe que tenías una novia escondida y quiero saber si es cierto ¿lo es?", sacudí mi cabeza violentamente para librarme de esas ideas estúpidas, era lo suficientemente inteligente para saber que él no me respondería algo agradable si yo iba a preguntarle así.

― Y ahora vamos con la cobertura de la fiesta de premiación de los empresarios europeos más importantes del año— escuchaba la voz de la locutora lejana, el sonido de la televisión me relajo de cierta manera. Quizás mi situación mejorara y todo cambiaria entre Pedro y yo… o tal vez no— y como otra pareja invitada tenemos al sexy y codiciado soltero de hierro, Pedro Alonso— el solo pronunciar de ese nombre hizo que mi cuerpo reaccionara y mi piel se llenara de energía, me levante enérgica para mirar la pantalla pero admito que fue el peor error de mi vida, ahí tenia la prueba más grande de que él no era mío y jamás lo seria.

― Que hermosa pareja hacen ellos dos ¿no lo crees?— le pregunto un locutor a la otra.

― Si, tenemos a Pedro Alfonso empresario y dueño de Alfonso Enterprise y a la distinguida hija del primer ministro ingles la señorita Sussan Chadwick, toda Inglaterra rumorea que hace solo unos días el compromiso de ellos dos se fijo y que es por eso que Alfonso ha venido a Europa de viaje, a ultimar los detalles del pronto matrimonio

― ¿no lo creo?— decía una voz extasiada y curiosa

― Si, según nuestras fuentes ellos viven un acalorado romance, creo que por fin nació la mujer que cazo al magnate de Hierro y rompecorazones de Europa, ¿será el fin de las andanzas de Alfonso?.

― Al parecer este ya fue cazado— mi garganta se cerraba mas y mas, el pasar de las palabras era el momento más tortuoso de mi vida, la imagen que tenia al frente era del hombre que amaba, quien llevaba a otra mujer de la mano, a su prometida. Pedro estaba en la televisión en una importante fiesta en su país con la mujer que me había señalado su padre, era alguien hermosa, de cabellos rubios como el sol y de ojos tan verdes como los que tenía el. Ellos se veían como ángeles, sin duda eran la pareja perfecta.

Tome el control del televisor y lo apague, mi cabeza cayó sobre mis manos y llore, lo hice como lo había hecho todo el día y como no lo volvería a hacer nunca más, en ese momento deje salir todo lo que me oprimía el corazón, no sería una más, no arruinaría mi vida, el amor y mi corazón los alejaría del dolor. El llanto fue fuerte y angustioso, mi cuerpo cayó sobre la cama y abrace mis rodillas con mis brazos, mi alma se ennegreció de tanta pena que tenia. ¿Qué había hecho para tener un castigo así?, no lo sabía y esperaba que alguien pudiera decírmelo. No sé cuanto rato estuve llorando pero cuando me pare solo tenía una cosa en mi mente, salir de allí.

Tome mi maleta y comencé a guardar mis cosas, tenía que salir, tenía que partir, no podía seguir estando bajo las paredes donde él me había engañado y donde había descubierto este amor que me consumía el pecho, me estaba quemando lentamente y estaba segura que lo haría por lo que restaba de mi vida, estaba condenada a morir de amor por él. Mis manos trabajaron rápidas, la noche ya estaba instaurada en el cielo pero no me importaba, tenía que escapar. Cuando todo estuvo guardado tome mi celular y marque a Rose.

― ¿Qué sucede?— pregunto preocupada.

― Tengo que salir de aquí— le dije con voz apagada

― ¡demonios! ¿paso algo ahora?— me pregunto

― No, solo descubrí que jamás podremos estar juntos, yo no tengo cabida en su mundo, jamás podría encajar en su vida. Lo nuestro nunca dejo de ser sexo y jamás evolucionara en otra cosa.

― Pau, Pau, Pau— decía ella tratando de persuadirme

― Ya tome la decisión, esto quedo hasta acá— tenía mis ojos rojos, hinchados y llenos de lagrimas que aun esperaban por ser derramadas, esta sería una noche muy larga— no puedo permitir que destroce lo que queda de mi, mi corazón ya fue mutilado, lo único que me queda es este cuerpo que un puede resistir sin tener la fuente de vida junto a él.

― Pau por dios… ¿Qué sucede?— pregunto nuevamente casi chillando

― Nada amiga solo lo que ya te conté, este mundo no tiene cabida para mi amor es por eso que me iré a un lugar para enterrar este sentimiento

― Pau ¿Qué demo…?

― Después te llamo, nos vemos— le dije y corte, cambie el estado del móvil al silencio y de inmediato ella comenzó a llamarme, sabía que estaba preocupada pero tenía muchas cosas que resolver aun, cuando ya tuviera todo listo podría decirle mis planes.

Busque fuerzas en lo más profundo de mi alma y trate de hacer todo lo que ya tenía pensado, lo primero era salir de allí. Camine por los pasillos con mis maletas en la mano, me encontré en el camino con varias de las chicas sus rostros mostraban expresiones de horror y de duda, trate de evitarlas a todas y de seguir mi camino. Llegue hasta el hall de la casa y escuche un trote desde uno de los pasillos, Fede llego a mi lado con su pelo desordenado por la corrida y con su respiración agitada, era la primera vez que lo veía con un semblante que saliera de su correcta postura.

― ¿Qué sucede Señorita?— pregunto mirándome y a las maletas que traía. Su rostro cambio a una expresión de completo horror— Señorita ¿Qué está haciendo?— deje las maletas en el suelo en intente sonreír.

― Estaré en la biblioteca Fede, no dejes pasar a nadie— el hombre ni siquiera pudo asentir, me moví con lentitud, cada vez que caminaba por esa casa miles de recuerdos venían a mi mente y dolía aun mas. Mi pecho se retorcía con el dolor de este amor no correspondido.

Entre en la enorme habitación, las puertas a mi espaldas se cerraron. Camine por la estancia llegando al enorme escritorio, me senté en la silla en la que lo había visto innumerables veces sentado, mi garganta se apretó y las lagrimas amenazaron con salir pero reprimí todo eso y comencé a hacer por lo que había venido hasta aquí, escribiría mi despedida hacia Pedro. Busque con un poco de ansia una hoja blanca y una lapicera, pensé largamente cuales serian las palabras correctas para decirle adiós, sabía que el después de lo que pusiera no me buscaría así que tenía que escoger mis últimas palabras cuidadosamente. Comencé a escribir lo que se venía a mi mente, cada palabra agregaba aun más dolor a mi alma, mi amor estaba roto y partido en mil pedazos ¿Cómo pegas aquello que ya no se puede unir? ¿Cómo armas un amor destruido que no tiene un futuro en donde recuperarse?... escribí cuanto pude, cuanto mi corazón y el llanto que tenia a punto de salir me dejaron. Mi amor, mi amante, mi protector… muchos adjetivos tenia Pedro en mi vida pero solo uno era el que me importaba, mi razón de ser, el en solo unos meses se había convertido en parte de mi cuerpo, me sentía como donando un órgano vital aun estando viva, moriría en el mismo momento que me lo sacaran, moriría en el mismo momento que pisara fuera de esta casa.

Firme con un hasta siempre, porque ni siquiera sabía que podría pasar, esperaba no verlo nunca más, no quería que cuando la herida estuviera un poco menos dolorosa se volviera a abrir, por eso partiría lejos, donde nadie me conociera donde el no me pudiera encontrar, tenía que huir, tenía que dejar este dolor y este amor atrás. Esta noche me marcharía de esta ciudad sin ni siquiera mirar atrás. Cerré el sobre y lo deje sobre su escritorio, mire el papel blanco por última vez y la habitación que lo resguardaría hasta que el volviera.

― Te amo, Pedro Alfonso y aunque duela jamás me arrepentiré de hacerlo— susurre en la soledad de la biblioteca, camine hacia las puertas y Salí, afuera me esperaba Fede, su rostro estaba completamente desencajado, mas pálido de lo normal.

― Señorita…— comenzó a hablar pero le hice una seña para que se callara

― Me voy fede, quiero darte las gracias por todo, ha sido una persona muy amable y gracias a tus atenciones a las de las chicas me sentí muy bien el tiempo que estuve aquí. En el escritorio deje una carta para Pedro, encárgate que la vea cuando vuelva— el hombre asintió— espero que todo en tu vida marche bien, te deseo lo mejor y nuevamente gracias por todo— el hombre se acerco a mí y tomo mi mano, me sonroje levemente con su gesto, beso la piel de ella y me miro.

― El placer fue todo mío, usted siempre será la señorita de esta casa, ha sido un honor servirla— al escuchar esas palabras un quejido se soltó e mi pecho, me daba pena, dolor, angustia pero tenía que ser fuerte este era el primer paso, tenía que darlo como corresponde.

― Gracias— le dije y me dispuse a partir, me acerque a mis maletas…

― No se vaya— me pidió, sonreí dándole la espalda y me gire

― No tengo nada que me retenga aquí

― Si lo tiene— me corrigió

― Usted ha sido la luz que entro en esta casa señorita, no debería decir esto ni tampoco salirme del protocolo de trato pero me permito decirlo ya que es muy importante que lo sepa— me quede en silencio y espere que le hombre continuara— cuando usted llego a esta casa las cosas cambiaron inmediatamente, volví a ver al señor… feliz, sonreía, pasaba tiempo en casa a pesar de su enfermedad, usted le dio vida, le dio lo que a él le faltaba.

― Yo no…

― No trate de subestimar lo que hizo, le aseguro que he sido testigo fiel del cambio, usted es una persona muy importante para él, me atrevería a decir hasta que tiene un enorme sentimiento hacia usted, no crea en todo lo que le dice, Pedro Alfonso es un hombre con un corazón de hierro pero que ama más que cualquiera que pise en esta tierra.

― ¿lo quieres mucho verdad?— le pregunte al ver la devoción con la que hablaba.

― Creo que si hubiera tenido un hijo, me hubiera gustado que fuera como él. Un hombre fuerte, de carácter, compasivo, benevolente…

― Frio, orgulloso…— agregue

― No, el solo se hizo de las situaciones que le tocaron vivir, si tan solo usted conociera su…

― No hay tiempo Fede, es momento de partir. Debo alejarme de él…

― ¿Por qué? Señorita el estará aquí en un día, espérelo y hable con él, le aseguro que todo esto debe ser un mal entendido.

― No Fede, ya no hay tiempo. No resisto otra desilusión mas— el mayordomo negó con la cabeza y por su rostro paso una ráfaga de dolor— lo siento mucho pero es hora de partir— tome mis maletas y me despedí— hasta siempre Federico Villareal, ojala la vida nos reúna alguna vez mas.

Abrí la enorme puerta y Salí en dirección hacia la entrada, antes de salir me gire hacia la enorme casa que estaba a mis espaldas. En ella había dejado todo, mis risas, mis sueños, mis ilusiones, mi amor, mi corazón. Aquí dejaba todo lo que alguna vez me importo y por lo que soñé, Pedro Alfonso el hombre con el corazón de hierro me había hecho enmaromarme como una loca y perder la cabeza por él, me había destrozado lo que sentía por él y había marcado mi vida por siempre, ahora tenía que partir, lejos, donde ni él ni nadie pudieran encontrarme. Salí de las rejas y la oscura noche fue lo único que me acompaño, en este momento dejaba atrás mi vida y todo lo que me ataba a ella, caminaba hacia un futuro incierto a uno en el que tenía que sanar mis heridas, curar mi cuerpo y mi alma además de buscar la razón por la cual seguir viviendo, un futuro que solo tenía soledad por delante y de lo único que estaba segura era que Pedro no estaría incluido en ninguna parte de él, era mi nueva y triste realidad.









Bueno no me odien tanto, espero que les guste, y comenten aca o en twitter @picschaves ♥

Si alguien quiere que se la pase por twitter me dicen por aca o por twitter!!☺



miércoles, 26 de febrero de 2014

CAPITULO 11

― ¿en qué piensas?—me pregunto mientras pasaba sus dedos por mi espalda—estas muy callada

― En nada, solo estaba mirando las llamas de la chimenea—pedro rio

― ¿y qué tiene eso de interesante?

― Nada—reí—no tiene nada de especial.

Eran casi las 2 de la madrugada, en consecuencia de mi libido rebelde habíamos hecho el amor una vez más y aun sentía que mis hormonas quemaban por tenerlo dentro de mí nuevamente. Los dedos de Pedro acariciaban mi desnuda espalda, estaba recostada sobre la cama y el a mi lado, la luz de la luna se colaba por la ventana y alumbraba todo el lecho. tenía una extraña sensación en mi estomago, el descubrir que lo amaba sin duda marcaba un antes y un después, hacia de estos encuentros diferentes, el sexo tomaba otros matices, se hacía más tierno y lleno de emoción, lamentablemente sabia que eso era solo de mi parte y tendría que aprender a vivir con todos estos sentimientos en mi corazón. Mientras sus dedos trazaban formas en mi piel sentí un escalofrió.
― ¿tienes frio?—me pregunto inclinando su cara para mirarme.

― Un poco pero—antes de que dijera algo mas sus manos volaron veloces hacia las sabanas y el edredón, nos cubrió, sonreí con su gesto, ahora todo lo que él hacia me parecía tierno y afectuoso ¿sería consecuencia del amor?

― No es bueno que te resfríes—me tomo con sus fuertes brazos y me pego a su cálido pecho, lo único que pude hacer fue soltar un audible suspiro.

Así paso casi toda la noche, dormí cobijada en los brazos de mi amor, sentirlo así de cerca hacia que mi corazón saltara de tanta alegría, Pedro era todo lo que yo quería, todo en el me gustaba incluyendo su faceta de Hierro. Sabía que era un poco masoquista amarlo así pero ¿Cuándo no debes hacerlo tal cual es?, Los días se nos pasaron un poco rápido, hoy ya era sábado, lo mejor es que Pedro no iría a trabajar hoy así que podría disfrutar su compañía un momento más. Amanecí otra vez entre sus brazos, y casi desperté llorando de alegría, me sentía feliz con solo estar con él, cerré mis ojos y me permití disfrutar de este momento. Pedro  aun dormía su respiración acompasada delataba su profundo sueño. pase mis manos por su pecho y estomago sentí cada fibra de su piel en mis dedos, mire maravillada como todo su cuerpo reaccionaba a mis caricias, sus brazos me estrecharon mas y sus manos se enterraron en mi piel mandando una serie de corrientes eléctricas a todo mi cuerpo, lo amaba sin duda que lo hacía.
― Buenos días— me susurro, su cara se recargo en mi cabeza y sentí que aspiraba mi aroma— ¿Cómo amaneciste hoy?—pregunto abriendo sus ojos perezosamente.

― Bien, me siento un poco mejor—y no mentía, si bien los moretones y magulladuras aun seguían en mi piel ya no me dolía tanto, los días que habían pasado me estaban mejorando lentamente.

― Qué bueno, hoy Hernan vendrá a revisarte—me conto con su voz somnolienta, el otro día no pudo venir ya que había tenido unas emergencias pero ahora sí que era mi oportunidad para preguntarle por su posible relación con Geraldine, estaba ansiosa. Esta semana había hablado con Gege por lo menos dos veces en el día y ella no quería soltar nada, tal vez porque siempre estaba acompañando pero esperaba que cuando tuviéramos la oportunidad de hablar me contara que sucedía con Hernan.

― ¿hoy tienes que trabajar aquí?—le pregunte de repente, sabía que no tenía que ir a la oficina pero de seguro querría trabajar aquí.

― No—respondió con sus ojos aun cerrados—creo que es hora de que me tome las cosas con más calma, no quiero que mi cabeza colapse nuevamente.

― Tienes razón, buena manera de pensar—me arrime contra su pecho y descansé mi cabeza en el, sentía sus latidos, eran tranquilos y llevaban un ritmo que era capaz de mecerme. Aun era temprano para levantarse pero Pedro se comenzó a removerse con la intensión de levantarse, creo que no quería que lo vieran salir de mi habitación. No le dije nada y solo me solté de su abrazo, tome una de mis almohadas y la puse debajo de mi cabeza esperando para decirle adiós.

― ¿A dónde vas?— pregunte con inocencia, se puso la bata y camino hacia la puerta

― Ahora vuelvo, quédate aquí, no te muevas—me guiño un ojo y salió por la puerta de mi habitación con una sonrisa, ¿Qué estaba tramando? Una sonrisa traviesa atravesó mi cara, Pedro hace días se comportaba de una manera diferente, aun seguía siendo implacable con el mundo pero conmigo sentía un cambio, no sabía si era mi imaginación o el hecho de que lo amara, pero sentía todo diferente en el, sus besos, sus caricias todo. Cada gesto que el tenia tomaba otro matiz para mí.

Me quede recostada en la cama mirando el cielo de la habitación, mi cabeza no podía pensar en nada más que en Pedro, estaba patéticamente enamorada y lo peor de todo es que no era correspondía pero yo había aceptado esta vida, tal vez algún día podría ser algo más que la "querida" de Pedro, estaba consciente de que tal vez ese día nunca viera la luz pero por lo menos tendría que tener alguna vaga esperanza. Mi estomago gruño, tenia abre esta semana había estado comiendo más de la cuenta, aquí trataban en lo posible de suplir todas mis necesidades, me sentía como una verdadera reina, sin duda todo era genial, mi descanso se había dado al 100%. Sentí pasos en el pasillo y el sonido de unas ruedas, Pedro le debe haber dicho a Fede que me subiera el desayuno, me baje corriendo de la cama y me puse una de mis camisolas y la bata, me sorprendí enormemente de la velocidad sobre humana con la que actué. Me volví a sentar en la cama en el momento preciso, la puerta se abrió al igual que mi boca, creo que mi expresión reflejaba la enorme sorpresa que me produjo la imagen que tenia frente a mis ojos.

― Pedro ¿Qué haces?— le pregunte, entro en la habitación empujando el carrito con el que siempre me servían las mucamas, me sorprendió bastante ya que jamás vi a Pedro parado ni a diez centímetros de aquellos carros.

― ¿Qué tiene?— me pregunto extrañado, se paso la mano por su cabello, gesto que repetía cada vez que estaba nervioso— ¿No te gusta el desayuno?— me pregunto mirando la carriola, una sonrisa del porte de mi cara destello en mi rostro, Pedro me había traído el desayuno.

― No, no es eso. Estoy sorprendida—le comente—jamás pensé viéndote traerme el desayuno—sonreí nerviosa y un poco avergonzada, su actitud me había tomado por sorpresa

― Pau—me dijo riendo— ¿de verdad piensas que soy tan esnob?


― Yo solo digo lo que veo, no eres del tipo que sirven desayuno—acerco la carriola a la mesa del pequeño estar y la acomodo.

― Yo sé hacer muchas cosas que tú no sabes—me dijo acercándose lentamente a la cama, se subió acechándome, me reí de la comparación pero parecía un león acechando a una inocente ovejita.

― ¿Qué cosas si se puede saber?— le pregunte mientras me recostaba en la cama, el quedo a la altura de mis muslos subió con sus dedos mi bata de satén rosado, abajo llevaba un camisón del mismo color. Sus ojos y manos fueron descubriendo mi piel, mientras avanzaba iba dejando suaves besos.
― Algunos talentos ocultos que tengo— llego a la parte superior de mis muslos, se detuvo en la orilla de mi braga y beso la parte a la cual llaman "el monte de Venus", me estremecí completamente al sentirlo ahí—tu ya conoces algunos— ronroneo con voz sexy, el solo tono de su voz encendía todas las llamas habidas en mi interior.

― Si, unos muy buenos si puedo agregar— reí mientras su cabeza subía hacia mi estomago, beso por sobre la tela de mi camisón, paso por mis pechos hasta llegar a mis labios. Sus besos me hicieron delirar, subí mis manos hacia su cabello y lo acerque a mi boca, mi lengua se mezclo de inmediato con la suya dejando un sabor dulce en mi boca, amaba sentirlo tan cerca y poder disfrutar de sus besos. Su cuerpo se recargo sobre el mío pero sin provocarme algún daño, sus manos acariciaron mi cara, bajaron a mis hombros y continuaron hacia mi cintura, sentirlo así de cerca en mi cuerpo me hacia volar y siempre ansiar mas.

― Tus besos son adictivos— me confesó haciéndome delirar—son como un dulce manjar, una droga de la cual no se puede escapar— susurró mientras me besaba—podría besarte todo el día.

― Hazlo—le pedí pasando mis manos por el cuello y atrayéndolo para que me besara.

― Algún día— sonrió, aunque no era una promesa me conformaba con esas palabras. Otra consecuencia de mi amor por él, la conformidad. Mi estomago fue el vil intruso entre nuestros besos, un grave rugido delato el hambre que sentía, la risa de Pedro inundo la habitación haciéndome sonrojar. Sus manos acariciaron mis mejillas y dejo suaves besos mientras aun sonreía—tu estomago te delato, vamos a desayunar
― Está bien—asentí a regañadientes. Se separo de mí y me ayudo a levantarme, su mano guio mi andar hasta la mesa, cuando iba a hacer el ademan de sentarme lo detuve—tu lo subiste, yo serviré—le dije con una sonrisa, el se encogió de hombros y se sentó.

Me pare en frente de la bandeja y descubrí lo que venía tapado, había de todos los exquisitos manjares que siempre servían en la casa Alfonso, pastas, mermeladas, cosas saladas además de pan, café para Pedro y te para mi, sin duda después de una semana aquí Fede y las chicas ya conocían mis gustos. Le serví el café como ya sabía le gustaba, prepare unas rodajas de pan con algunos aderezos y los deje en el plato para que se sirviera, Pedro me miraba cada movimiento que yo hacía.

― Cuando me miras así recuerdo los primeros días que trabajamos juntos, cuando no me quitabas los ojos de encima, sabía que eras desconfiado pero observabas todo lo que hacía— Pedro soltó una enorme carcajada y negó con su cabeza.

― Tú eras la culpable de que te mirara—me dijo con una seductora sonrisa.

― ¿Por qué?—pregunte mientras me sentaba en frente suyo. Pedro me miro extrañado como si la situación fuera la más clara del mundo

― ¿me preguntas el porqué?—me dijo con voz de incredulidad.

― Claro, me gustaría saber.

― Bueno ya que insistes, era por…— unos golpes en la puerta nos interrumpieron, Pedro me miro con disculpas en sus ojos y dio la entrada, me avergoncé demasiado al ver a Fede entrar por la puerta. El mayordomo actuaba lo más normal del mundo como si la escena que veía era algo típico en la casa, ¿le habrá servido desayuno a alguna de las conquistas de Pedro?, moví mi cabeza y trate de alejar esos pensamientos esperaba no volver a pasar esas ideas por mi cabeza y arruinar el momento.

― Buenos días—saludo en general, asentí dándole de vuelta el saludo—Sr. Alfonso tiene una llamada del Señor Ezequiel Corbo—Pedro miro al mayordomo y frunció su ceño.

― Fede, este fin de semana tienes el permiso de decir que tengo cualquier otra cosa que hacer, pero por favor no me pases llamadas de nadie más que no sea de mi familia. No quiero molestias—El mayordomo extrañamente sonrió y me dio una dulce mirada, me sentí cohibida por el momento y me sonroje, Pedro seguía mirándolo a él y el a mí, pasaron unos cuantos segundos cuando Fede hablo nuevamente.

― Con todo el gusto señor, me retiro, que disfruten su desayuno

― Gracias—le contesto Pedro, Fede salió cerrando la puerta y nos devolvió la intimidad que habíamos tenido.

― ¿trabajo?—pregunte dándole un sorbo a mi te.

― No, cosas personales pero nada de importancia—reprimí una mueca, cosas personales que obviamente no podía saber, no era que necesitaba saber todos sus movimientos pero si lo pensaba detenidamente yo no conocía mucho de Pedro y eso me hacia entristecer, con suerte sabia de donde venia y quienes integraban su familia—¿en qué piensas?—me pregunto cuando me vio pensando sus palabras

― En nada, hoy hace un hermoso día ¿no crees?—le pregunte cambiando el tema, sus ojos me observaron por unos segundos más y asintió.

Seguimos hablando de cosas triviales, nada de importancia, aunque fueran cosas ínfimas yo las disfrutaba, sabía que estos momentos se acabarían el día que me fuera de aquí y quería aprovechar lo que más pudiera. Mientras terminábamos de desayunar una pregunta asalto mi mente.

― Mañana me imagino que es el día libre de tus empleados—le pregunte, su expresión se torno sorprendida, si hoy era sábado y los había visto a todos toda la semana por consiguiente mañana seria su día festivo, ¿no?

― ¿día libre?—tocio—ellos tienen sus días libres dentro de la semana.

― ¿dentro de la semana? ¡Pedro! eres un explotador—le dije entre risas y afirmaciones

― ¿explotador? Vamos Pau, no en todos los trabajos tienes días feriados justo en los fines de semana—abrí mi boca de lo sorprendida, Pedro pareció evaluar mi expresión y continuo hablando—no me digas que soy explotador, para que sepas ninguno de mis empleados se ha quejado de las condiciones de trabajo, jamás he sido un explotador—asentí— ¡dios mujer!, ahora soy un ogro déspota y mas encima explotador—solté una enorme carcajada.
― Bueno Sr. Ogro déspota y explotador es hora de vestirnos, mira la hora son casi las diez y todavía estamos en pijamas—me puse de pie dirigiéndome al baño—me duchare Sr. ogro así que vuelvo en unos momentos—Pedroiba a replicar pero me metí en el baño antes de que dijera algo, me aguante la risa que me produjo la escena.

Me saque la camisola y la bata quedando desnuda, el frio del lugar golpeo mi piel haciéndome temblar. Estaba tan inmersa en mis pensamientos mientras me duchaba que no fui consciente de lo que pasaba a mí alrededor, levante la cabeza y deje que el agua caliente golpeara en mi frente, el calor que se esparcía por mi cuerpo no fue nada comparado con lo que sucedió segundo después. Unas manos ardiendo se pasaron por mi cintura, gire mi cabeza y el rostro de Pedro estaba atrás, sus manos me pegaron a su cuerpo dejándome sentir toda su piel, mi cabeza se fue involuntariamente hacia atrás y reprimí un gemido por la excitación que provoco el sentirlo así de cerca.

― Pedro— gemí mientras cerraba los ojos—¿Qué haces?—pregunte

― ¿Qué parece?—me contesto con una pregunta—me estoy bañando, dijiste que era tarde y que ya era hora de vestirnos así que me vine a bañar—una sonrisa torcida de esas que me dejaban sin aliento apareció en su cara, unos ojos picaros acompañaron a la hermosa expresión, sonreí y me gire para atraparlo con mis brazos. Tome su cuello y lo atraje hacia mí, sus manos recorrieron mi espalda fundiendo sus dedos en la piel que ahí se extendía, sentía el calor recorrer como una llama abrazante por cada fibra de mi ser, Pedro despertaba hasta la más ínfima de mis células, todas se veían envueltas en las combustiones espontaneas que él me provocaba—además estamos en la época del calentamiento global, hay que ahorrar recursos, por eso las duchas deben ser compartidas— una hermosa sonrisa torcida acompaño a la que se desplego por mi cara, jamás podría ganarle.

La ducha se prolongo aun más de lo que pensaba, si bien no hicimos el amor bajo el agua nos besamos y acariciamos, era maravilloso compartir cosas tan cotidianas como la ducha, me hacía sentir feliz. Salimos del baño aun besándonos, el sonido de mi celular fue lo único que nos interrumpió el momento.

― No contestare— le dije susurrando en sus labios, el negó con su cabeza y me separo. Camino hacia el buro y tomo mi celular.

― Debes hacerlo es de tu casa— me dijo mostrándome el visor, la palabra Casa me hizo gruñir, le quite el celular a regañadientes y conteste.

― Hola papa— salude animadamente, Pedro se puso a un extremo de la habitación a secarse mientras yo me sentaba en la cama a hablar.

― Hola cariño ¿Cómo estás?

― Bien, aquí todo es maravilloso— reprimí el suspiro.

― Qué bueno hija mía, espero que vuelvas pronto, mira que ya te extrañamos mucho—decía mi padre con voz de nostalgia

― Si papa, al igual que yo, espero volver pronto pero prometo que estaré de regreso y todo será como antes.

― Qué bueno hija mía, Delfi te manda saludos al igual que Gege.

― Oh si, pásamela papa por favor.

― ¿ah Gege?, ella no esta salió con Hernan

― ¿salió con Hernan?—dije volteándome a ver a Pedro con incredulidad, el miro y solo movió los hombros— que bien papa, me alegro que ella y su novio se lleven tan bien— ahora Pedro me miraba con un semblante extraño

― A mi igual, Hernan es  un chico fabuloso.

― Me imagino—comente aguantándome la risa— bueno papa ya debo irme, cuídate mucho y envíale saludos Delfi.

― Si mi amor yo le digo, cuídate mucho y llámanos—

― Si papa lo hare, adiós

― Adiós— colgué

― ¿Hernan anda con tu amiga?— me pregunto cuándo colgué el teléfono.

― No, pero una vez tuvieron que hacerse pasar por novios en mi casa y creo que les quedo gustando el papel— comente con alegría.

― Sería algo bueno, desde que conozco a Hernan jamás le he visto una novia.

― ¿ustedes son amigos?

― Si—respondió—desde hace años, conocí a Hernan cuando salió de la facultad, cuando me comenzaron a dar esas "crisis" el de inmediato acepto ser mi médico de cabecera. Es una de mis personas de confianza— la puerta de la habitación sonó, me pare en dos segundos tenía solo una toalla puesta en mi cuerpo, corrí hacia el baño bajo una risita de Pedro.

― Dime Fede— dijo desde dentro de la habitación, parece que el mayordomo estaba entrenado en estas situaciones.

― El Doctor Paz y la Señorita Neumann lo esperan en el estar

― Bien, bajamos enseguida.

Los pasos del mayordomo se sintieron en el pasillo, Salí nuevamente del baño y me fui a colocar ropa, me puse solo un buzo y una camiseta, aun sentía dolor en mi piel y hasta la ropa más pesada me molestaba, me tome el pelo en una coleta y estaba lista.

― Me gusta tu cabello suelto— me dijo Pedro, se paro atrás mío en el espejo de la habitación, sus dedos tomaron la coleta que había puesto en mi cabello y lo soltaron, en su rostro se formo una de esas sonrisas torcidas que tanto me embobaban, paso sus dedos por mi húmedo cabello y volvió a sonreír— bajemos— me pidió, yo asentí y salimos de la habitación.

Bajamos las escaleras y nos encontramos en el recibidor con Geraldine y Hernan, ella nos miro por unos minutos y solo sonrió.

― ¡Pau cariño! ¿Cómo estás?— extendió sus brazos para abrazarme tiernamente

― Bien, mejor, el descanso me ha sentado de maravilla— amabas sonreímos y nos tomamos de las manos.

― Hola Pedro— Geraldine saludo con una cálida sonrisa

― Buenos días Geraldine— le respondió el tan correcto como siempre— Buenos días Hernan

― Pedro, Pau. Me alegro que estés mejor Pau.

― Gracias Hernan.

― Pasemos a la biblioteca, ahí podrás revisar a Pau con mayor comodidad.

― ¡vamos!, no necesito que me revisen Pedro, recuerda que yo soy enfermera y sé que estoy bien.

― Pau— comenzó a decirme— es para estar seguros— vi en sus ojos un resquicio de suplica, ¿de verdad le interesaba si estaba bien o mal?, sabía que si pero no estaba segura hasta que punto.

― Está bien— acepte, Geraldine y Hernan soltaron una risita, camine hacia la biblioteca seguida de todos los demás. Pedro entro en la habitación y cerró las puertas con pestillo.

― Bien Pau, siéntate— me pidió Hernan señalando un sofá.

Hernan me examino bajo la intenta mirada de Geraldine y Pedro, a ratos los miraba y ellos conversaban de algo, pero lo hacían tan bajo que no podía escuchar que era. Hernan me reviso la herida en la cabeza y los hematomas en mi espalda y extremidades por su cara supe que tenía razón y en verdad estaba mejorando.

― Bien Pau tenías razón, estas mejor, el golpe en la cabeza ya casi está cerrado y los hematomas del cuerpo ya casi desaparecen, así que con solo unos días más de descanso estarás como nueva y podrás volver a casa.

― Qué bueno— conteste contenta por estar bien pero no con la idea de volver a mi casa, mire a Pedro y el tenia la vista perdida entre los libros de los estantes— Geraldine ¿me acompañas?

― Claro— contesto mi amiga acercándose a la puerta

― Caballeros, volveremos enseguida— camine fuera de la habitación y arrastre a Geraldine al tercer piso.

― Esta casa es hermosa, toda una joya arquitectónica— su vista estaba maravillada con toda la decoración de la casa— tiene el gusto de los dueños impregnado en todas partes— la arrastre a mi cuarto y cerré la puerta con pestillo— ¡Wow!— dijo mirando mi habitación, las chicas en el poco rato que estuvimos abajo subieron a asearla por lo que se veía perfecta— sin duda el hombre te tiene como reina— se giro para encontrar mis ojos.

― Me enamore de él, Geraldine— le dije sin poder contener la angustia que esto me generaba, la boca de Rose se entre abrió un poco y soltó un jadeo.

― ¿te enamoraste?— se cubrió la cara— ¡demonios Pau!— exclamo cayendo en un sillón, me senté en el de enfrente.

― Lo hice y no pude evitarlo, fue más fuerte que yo. — la mirada de Gege se veía decepcionada y a la vez preocupada.

― Pau no sé qué decirte, el tipo es un plomo si de eso estamos claros pero además es un mujeriego Pau, es un hombre de un corazón duro como piedra, ¿no escuchas las noticias?

― Geraldine yo… yo aprendí una cosa ¿sabes?, el amor tiene una y mil formas y una y mil maneras de ser demostrado y de ser descubierto, no solo amas las cosas buenas de las personas que las cuales te enamoras como una condenada, de cada insignificante defecto, cuando estas enamorada de verdad estas jodida de mil maneras posibles pero estas feliz y orgullosa de ello, porque al fin y al cabo se puede ir a la mierda el mundo y sus porquerías, el corazón no razona y el amor no tiene lógica ni pies ni cabeza y cuanto más lo niegues o trates de ocultarlo más fuerte se hace..—suspire, no sabía cuando había agarrado esta sabiduría pero así era, yo lo amaba y lo hacía por encima de cualquier cosa, Pedro era tan importante para mí con todo lo que traía con él, virtudes y defectos poco me importaba que tuviera un corazón de hierro porque yo sabía que debajo de esa coraza existía un hombre de carne y hueso. Geraldine suspiro y sus ojos brillaron.

― Déjame decirte que ese es el discurso mas romántico que he escuchado en toda mi vida, ¡Pau te estás muriendo por el!— me grito, sus brazos nuevamente me sujetaron— aunque no me guste mucho, sabes que tienes mi apoyo ¿verdad?— dijo con lagrimas en sus ojos— Pau no quiero verte sufrir.

― Lo sé amiga, no podre asegurarte nada pero prometo que apenas sienta amenazado mi corazón me alejare de él.

― Eso espero Pau, no quiero que marques tu vida por el— yo solo sonreí, mi vida ya estaba marcada de por vida por el amor de ese hombre.

― Bien y pasando a otro tema ¿Cómo se ha portado esta semana?— la sonrisa fue inevitable.

― Ah sido la semana más maravillosa del mundo Gege, no puedo creerlo… es genial— comente con la emoción saliendo por mi pecho

― Me alegro, estoy feliz de que por lo menos puedas estar contenta después de todo lo que paso Pau.

― Pero ya nada volverá a ser como antes, desde ahora podemos estar tranquilos, por lo que Pedro me dijo Carmen estaba en la cárcel y ahí se iba a fundir para siempre—tres golpes suaves en la madera de la puerta nos hicieron parar nuestra conversación—adelante.

― Sr. Chaves—la mitad del cuerpo de Rachel se apareció por la puerta—el Señor y el doctor Paz  las esperan.

― Muchas gracias, dígale que bajamos enseguida—no podía irme sin preguntarle a Gege.

― Si señorita—la mucama cerró la puerta y nos dejo solas nuevamente.

― Y bien Gege—la cara de Gege se torno sonrosada, sabía que le iba a preguntar—ya que estamos en el momento de las confesiones, ¿Qué pasa con Hernan? Porque déjame decirte que la mentira de los novios era solo para mi papa.

― Bueno yo…— tartamudeo—hay esta bien ¡te contare!, si al final igual ibas a saber, Hernan y yo estamos saliendo— una sonrisa y un jadeo de asombro salieron de mi pecho al mismo tiempo.

― ¿estás saliendo con él? ¿pero cómo? Si ustedes se cayeron mal desde el principio, bueno a ti te cayó mal.

― Fácil, el tipo es un dulce Pau— cambio su expresión— es un oso, si lo vieras es el tipo más dulce del mundo, tal como buscaba yo – me reí.

― A ti sí que te pego fuerte el amor—una carcajada se soltó de mi pecho— quien lo diría.

― Pero así fue y ahora estoy muy feliz Pau, Hernan es grandioso, retiro todo lo dicho de él y no sabes—sus ojos se tornaron picaros— me hace el amor de una manera ¡bestial!—

― ¡Ah!— un grito salió con una expresión de asco, ambas reímos— ¡dios Gege! No me digas eso, ahora cada vez que vea a mi medico lo imaginare con cara de Oso hambriento por sexo— nos reímos hasta que lagrimas se asomaron por nuestros ojos. Cuando estuvimos un poco mas calmadas seguimos hablando—espero que si esto sigue sean muy felices—desee sinceramente.

― Eso espero, hasta el momento no tengo ninguna queja y quien quita que en un futuro no podamos salir los cuatro.

― No lo creo Gege, por mucho que ame a Pedro yo no caigo en su mundo, ¡fíjate!— comente con amarga expresión apuntando la habitación que nos rodea—creo que yo no soy tan buena para él como todos piensan

― ¿todos piensan?

― Sí, creo que tengo un Team de apoyo aquí en la casa, el mayordomo Federioco Villareal me dijo entre líneas que yo era buena para Pedro.

― Wow, sí que lo quieren ver con alguien.

― No sé si será eso, cuando antes venia todos los días siempre a ciertas horas veía entrar a mujeres hermosas al cuarto de Pedro ¿recuerdas que te conté?

― Si claro, pero eso no significa nada Pau— mi expresión se amargo aun más.

― Claro que significa, una vez me devolví por algo que se me quedo y cuando entre en la habitación Pedro estaba teniendo sexo con la misma mujer que yo vi entrar momentos antes— la boca de Gege cayo un poco y se llevo a su cara la mano.

― Demonios

― Lo mismo dije yo, Pedro tenia sexo con cada mujer que entraba en su habitación y lamentablemente yo fui una de ellas— me dolía hasta la última parte del alma aceptarlo pero así era.

― Pero Pau yo no creo que él sea así mira cuando estábamos en…— Gege comenzó a contar pero un nuevo golpe en la puerta nos interrumpió

― Será mejor que bajemos, Pedro se debe estar poniendo ansioso.

― Pero Pau escu…— golpearon otra vez.

― ¡ya vamos!— me gire y camine hacia la puerta cuando abrí Pedro estaba parado en ella— ¿Qué haces aquí?— me reí.

― Hernan necesita darte algunas indicaciones, me pidió que viniera por ustedes.

― Bien ya bajamos, Salí de la habitación seguida por Pedro y Geraldine.

Cuando llegamos abajo, pude ver claramente las miradas que se mandaban Geraldine y Hernan, también podía ver la cara de desesperación de Pedro porque estuviéramos solos, podía leer claramente su expresión. Hernan me dio unos cuantos consejos más y se fueron, Gege y yo nos hicimos señas de "me llamas" y se retiraron. Cuando estuvimos solos ya era casi medio día, hora de almorzar en la casa Alfonso.

― Hoy comeremos en el jardín— me anuncio ante mi incredulidad, habíamos pasado toda la semana encerrados y ahora me iba a sacar a comer a su jardín ¿delante de todo su personal?, bueno ingenua era si no sabía que ya todos estaban enterados de lo nuestro, no por nada pasamos metidos en esa habitación toda la semana.

― Está bien—

― ¿algo en especial?— me pregunto con una sonrisa.

― No, prefiero probar las sorpresas de la cocinera— Martha era una excelente Chef por lo que Fede me había contado trabaja para Pedro desde hace muchos años.

― Bien entonces ¿vamos a dar un paseo?— me pregunto extendiéndome su mano

― ¡claro!— acepte con gusto.

Salimos al jardín y en efectivo el día era maravilloso, aun se sentía la helada que había pasado en la noche pero los tibios rayos de sol ya casi tenían el ambiente temperado, caminamos alrededor de los hermosos jardines de la mansión, todo era tan lindo, Pedro sonreía cada vez que yo lo hacía, me pregunto sobre muchas cosas distintas, hablamos sobre gustos, preferencias, cosas que no me gustaban y sorprendentemente teníamos varias cosas en común, jamás me imagine que a Pedro le gustara tanto el campo como a mí.

― ¿tus padres tienen un campo?— pregunte incrédula cuando él me lo conto, a decir verdad era una de las primeras veces que sus padres salían en la conversación.

― Si, al norte de Inglaterra. A mi familia no le gusta la vida ajetreada de la ciudad por eso se compraron una hacienda y construyeron una casa, es ahí en donde viven hace ya muchos años. Mi hermana se caso y vive con ellos también, la casa es tan grande que caben muchas familias completas allí.
― Wow— comente con asombro— y dime ¿Qué hace tu familia?

― Son empresarios al igual que yo, Alfonso Enterprise es una empresa familiar, mi hermana no estaba interesada en dirigirla es por eso que yo tome el cargo, además ella era muy pequeña cuando mi padre decidió retirarse. Mi hermana también tiene su empresa ella es diseñadora y tiene su casa de modas en Inglaterra y en algunos países mas, por ahora está un poco más alejada por la crianza de mi sobrino. Su marido  es enólogo y tiene una producción propia de vinos, son bien famosos en Europa.

― Toda una familia de empresarios— Pedro me miro curioso pero asintió.

― Nos ha costado toda la vida llegar a donde estamos pero ha valido la pena el esfuerzo.

― Ya lo creo— me sentía feliz de estar compartiendo esto con él, saber de su familia o de su historia me hacía sentirme un poco más cerca de su corazón.

Caminamos por largo rato por los senderos del jardín, bromeábamos, jugueteábamos y hacíamos cosas normales, como dos novios. Me sentía extraña por estar así con él, Pedro se veía contento, feliz, jamás había visto esa expresión de tranquilidad en su cara. Cuando llegamos al final del jardín Fede nos estaba esperando, nos indico que lo siguiéramos, cuando doblamos por un lado de la casa mis ojos se maravillaron al ver hacia donde nos diríamos, en el medio del jardín y rodeado de flores había una hermosa terraza, nos esperaban Rachel y una mesa para dos, exquisitamente decorada si puedo agregar.

― Es hermosa— dije conteniendo la sorpresa, Pedro subió y me extendió su mano como un caballero, me acompaño hacia mi silla y la saco para que yo me sentara, Rachel me miraba con una enorme sonrisa en la cara, ¿Por qué sentía que todos apoyaban mi relación con Pedro? Fede como siempre tan educado nos dio el menú para el día de hoy y apareció la cocinera junto a otra mucama con el carro de la comida. Todo era una exquisitez, almorzamos y seguimos hablando de cosas triviales, detalles de nuestra vida y cosas que nos importaban, después de esta semana podía decir que conocía muchísimo más a Pedro. — ¡Wow!— exclame al terminar mi postre— tu cocinera es un ángel, mis felicitaciones para ella Fede— me gire para mirar al mayordomo que asintió con una sonrisa, retiro las cosas y se marcho junto con la servidumbre.

― ¿te ha gustado el almuerzo?— pregunto con una hermosa sonrisa, sus dedos jugaban con la incipiente barba que aparecía en su mentón.

― Si, estaba exquisito— suspire, me recargue sobre el respaldo y deje que los sonidos de la naturaleza invadieran mis sentidos, cerré mis ojos cuando una brisa acaricio mi rostro.

― Un millón de dólares por tus pensamientos— abrí mis ojos y bufe.

― No es nada importante

― Pero parecías concentrada

― Solo disfrutaba del momento, es exquisito el estar aquí disfrutando de la naturaleza.

― Lo sé, como aquí cada vez que puedo, aunque es la primera vez que lo hago con alguien más.

― ¿Qué?, ¿nunca has comido con alguien más aquí?

― No, no creo que nadie valga la pena como para invitarlo a almorzar en mi lugar preferido, bueno hasta ahora— corrigió con una sonrisa.

Me sonroje furiosamente sin poder evitarlo, el hombre además de amarlo me confundía de manera alarmante, esos cambios de ánimo y de ser me dejaban completamente mareada, Pedro Alfonso podía ser muchos hombres a la vez y lo peor de todo era que no sabía con cual trataba a cada segundo, mi corazón aun no lograba distinguir si sus sentimientos hacia mi eran verdaderos y lo más terrible era que ni siquiera sabía si existían. Fede entro en la estancia con el teléfono en la mano.

― Sr. Alfonso, tiene una llamada— dijo con tono solemne, Pedro me miro y cerro sus ojos

― ¿es de mi familia?

― Sí señor, es su madre— le extendió el teléfono y Pedro lo tomo se recargo en la silla y contesto.

― Hola mama— saludo con voz apagada como si no le causara ninguna dicha saber sobre su familia, cuando Pedro hablaba de ella sentía que algo tenia con ellos ya que no sentía el apego del hacia sus familiares, quizás no tenían buena relación aunque Pedro me había dicho que su familia era su vida— si lo sé, si mama lo tengo presente. ¿Cuándo se casara?, ¡Oh! Qué bien no queda mucho— Pedro tomo el puente de su nariz y frunció su ceño, mi atención se desvió de la conversación y comencé a pensar como seria conocer a los padres de Pedro, no podía imaginármelos, me costaba mucho pensar en cómo actuaban de hecho sabia que eran muy educados y ricos pero aun así me costaba pensar como serian los progenitores de mi amado. Unos minutos más tarde Pedro se comenzó a despedir.

― Si mama, no te preocupes claro que iré, todavía faltan unos meses así que podre organizarlo todo, si claro, nos vemos cuídate y saludos a Carolina, adiós— colgó, no había palabras de amor, ni buenos sentimientos, era la conversación más fría que había escuchado en mucho tiempo— disculpa— dijo dirigiéndose a mí.

― No, no te preocupes— le dije agitando mis manos, su rostro se torno sombrío y apagado.

La tarde fue un poco diferente, cada uno hizo alguna actividad, hoy era fin de mes puesto que Pedro tenía que firmar todos los pagos de sus empleados, a los de la casa le gustaba pagarle el mismo, a los demás dejaba que los contadores se encargaran. Estuvo en la biblioteca por alrededor de dos horas llamando uno por uno a cada uno de ellos, el ultimo pero no menos importante fue Fedecon él se encerró alrededor de media hora más. Yo estaba sentada leyendo un interesante libro cuando Will salió de la biblioteca mas pálido que de costumbre, me asombre al verle la cara parecía que le habían dado una noticia atroz o algo que lo había dejado estático, camino por los pasillos hasta perderse, como había dejado la puerta abierta me escabullí dentro de la biblioteca. Pedro estaba sentado en si enorme sillón del escritorio contemplando los ventanales, el sol de la tarde se colaba por ellos pero era tan tenue que anticipaba el crepúsculo. Sus ojos perdidos en la vista brillaban con una intensidad que yo desconocía, no quise interrumpir su momento y me recargue en el marco de la puerta a observarlo. La luz que daba justo en donde él estaba, adornaba su cabello y su rostro, su cobriza melena se veía aun mas encendida al igual que su piel que tomaba un color parecido al del sol. Me maraville con la vista Pedro era un tipo soberbio y orgulloso, endemoniadamente sexy y apasionado pero que escondía un corazón tan cálido como el mío o el de cualquier otra persona. Su cara se irguió y sus ojos se cerraron, inspiro audiblemente y soltó el aire que tenia contenido, en estos momentos muchos sentimientos se situaban en mi corazón ¿Cómo un hombre podía tener tantas caras? No lo sabía aunque me encantaría conocer la razón. ¿Por qué él se abra convertido en un hombre duro y severo? ¿Algo lo abra generado? O tal vez alguien, era extraño pensarlo pero mi curiosidad era más fuerte y en especial cuando se trataba de él.

― ¿no vas a entrar?— pregunto sorprendiéndome, mi cuerpo dio un respingo, ¿Cuándo se había dado cuenta de que estaba allí?

― No quería molestarte— confesa en un susurro.

― Ven— me extendió su mano, camine hacia donde él estaba situado y me pare justo a su lado, ahora el calor del sol de la tarde nos abrazaba a ambos— ahí no— me dijo con el ceño fruncido, su mano rápida tomo la mía y me jalo hacia su regazo. Me senté sobre su regazo y el de inmediato pasó sus manos por mi cintura pegándome a su cuerpo, su cabeza se fue hacia mi cuello y ahí se escondió. Mi cuerpo se estremeció con miles de escalofríos que pasaron por mi piel, aunque había estado con el ya muchas veces seguía provocándome las mismas reacciones.

Nos quedamos así mucho tiempo solo sentados disfrutando, cuando la habitación se oscureció completamente Pedro se paro y nos condujo hacia el comedor en donde la cena nos esperaba. El termino del día fue totalmente pacifico, Pedro y yo solo disfrutamos de la compañía del otro, un dolor de cabeza le impidió seguir hablando, aunque rezongo mucho lo lleve a dormir. Tenía miedo de que le viniera una recaída habían pasado ya muchos días desde su ultimo dolor de cabeza y no esperaba que le diera otro. Pedro durmió toda la noche acurrucado entre mis brazos, cuando intentaba pararme a algo él me apretaba contra si, así que al segundo intento desistí quedándome dormida junto con él.

Al otro día, un sol radiante pegaba en las ventanas, me removí en la cama, estire mis brazos para sentir el suave respirar de Pedro en mi brazos pero me tope con una cama fría y vacía, abrí mis ojos de golpe, comencé a buscarlo con mi mirada por todas partes, me levante y me puse una suave bata de satén azul. Mire hacia la salida y la puerta de la habitación estaba abierta. Sentí la voz de Pedro en el pasillo pero se escuchaba algo exaltada.

― No me interesa lo que tu opines— decía mientras se paseaba de un lado a otro— ¿Quién eres tú para decidir sobre mi?— pregunto con rabia en sus palabras— ¡no! Y jamás hare lo que tú me digas, esta es mi vida, mi dinero, mi casa así que no te metas en lo que no te importa y te pido que no me vuelvas a llamar en lo que queda del día, nadie contestara tu llamada, adiós— le dijo y colgó, me quede estática en el medio del pasillo, Pedro llevo sus manos a la cara y ahogo un grito en ellas, se veía totalmente aproblemado con la llamada, avance hacia donde estaba el, sabía que me arriesgaba mucho metiéndome con algo de su vida cotidiana pero aun así corrí el riesgo, camine hacia su espalda y pase mis manos por sus cintura, me pegue a su cuerpo intentando darle algo de apoyo, mi cara descansó en la cálida piel de su espalda, Pedro giro un poco su cabeza y sonrió, era un gesto simple pero que tenía mucho más valor para mí que cualquier cosa, quería decir "si, aquí estoy contigo, apoyándote", esperaba que el llegara a sentir mi apoyo aunque no llegara a decírselo por ahora. Sus manos se fueron hacia donde estaban las mías y las aparto un poco para girarse, estire mi cabeza y besos deje un tierno beso en sus labios, era algo lento y solo para que los dos pudiéramos disfrutarlo, la luz de la mañana colaba por las ventanas, sentí un escalofrió pasar por mi espalda.

― Hace frio aquí afuera— le dije.

― Sí, creo que todavía no se tempera bien la casa, acabo de prender la calefacción y esta recién entibiándose— algo de esa oración no me calzaba.

― ¿acabas tu de… prender la calefacción?— le pregunte con una sonrisa.

― Si— respondió con otra— ¿Qué tiene?

― ¿tu… prendiste la calefacción de tu casa?— volví a preguntar incrédula

― ¡ah! Ya se… te preguntas porque no mande a alguien a hacerlo ¿cierto?— asentí— bueno eso es porque cierta señorita me dio unas locas ideas y decidí que nunca era tarde para probar, hoy estamos solos pequeña— se acerco a mi oído— Fede y todas las personas de esta casa se han ido, no queda nadie más que tu y yo— mis ojos se abrieron a lo más grande que dieron, la sorpresa fue sin duda algo que no esperaba ¿Pedro había tomado en cuenta lo que le dije?, eso sí que era nuevo.

― ¿les diste libre a todos?— le pregunte incrédula.

― Si, así es. Así que vamos a preparar nuestro desayuno, de hecho todos se fueron anoche cuando les pague— mi boca formo una teatral O, no podía creer lo que él había hecho, sin duda era un gesto bastante benevolente.

― Bien entonces vamos— le dije aun sin creer lo que me había dicho.

La mansión Alfonso lucia completamente desierta, los pasillos completamente limpios y desolados era lo único que encontrábamos mientras caminábamos, llegamos al primer piso y nos dirigimos a la cocina, era la primera vez que entraba allí, era ¡enorme! Pedro llego hacia donde estaban los aparatos y tomo el hervidor de agua para llenarlo, algo tan simple como el hacer el desayuno él lo hacia una actividad celestial, parecía un dios en el medio de la cocina.

― ¿Supongo que no haces esto a menudo?— le pregunte mientras buscaba unas tasas y el pan

― ¡demonios Pau! ¡tu realmente piensas que soy un completo esnob!— ambos nos reímos.

― Mas o menos, es que la verdad no te imagino horneando pasteles y cosas así.
― ¿a qué no?, para que sepas yo aprendí solo a cocinar y hacerme mis propios platillos, no comía solo comida rápida cuando vivía solo.

― ¿viviste solo?

― Si por unos meses antes de entrar a la universidad, era solo un chico, según yo quería probar la vida de adolescente solo en un país extraño, me vine a vivir a este país cuando termine mis estudios en el colegio y estuve por mi cuenta por un tiempo.

― ¿por tu cuenta? ¿osea trabajaste y todo eso?— mi boca se cayó solo un poco pero trate de que él no lo notara.

― Si, lo hice… tocaba el piano en un restaurant, me pagaban bastante bien para hacerlo solo en la semana.

― ¿tocas el piano?— fingí no saberlo— ¡esa sí que es una sorpresa!— el solo sonrió, tomo una manzana y le dio una mordida, el sonido del hervidor era lo único que se escuchaba en la gran estancia.

― Si, en realidad lo hacía, ya hace muchos años que deje de hacerlo

― ¿Por qué?— era mi momento para saber.

― Tengo otras responsabilidades, hay cosas mucho más importante que el estar perdiendo el tiempo en el piano— su semblante cambio, se veía más oscuro y deprimido.

― Ya veo— jugué nerviosa con una de las puntas de mi cabello, el sonido del hervidor nos saco de la conversación, camine a buscar lo que nos faltaba para el desayuno, los ingredientes para el pan y los panecillos que a Pedro le gustaban. Nos sentamos en una pequeña mesa que había al lado de un ventanal en donde se veía todo el jardín. Desayunamos en silencio, sentía el corazón de Pedro triste, de hechos su rostro se veía acongojado — ¿Qué haremos hoy?— le pregunte tratando de sacarlo de su ensimismamiento. Ambos habíamos terminado de desayunar.

― En esta casa hay muchas cosas en que te puedes divertir, después del desayuno ¿vamos a nadar?— me pregunto con una sonrisa.

― Pero hace mucho frio— le dije mirando lo escarchado que parecía el jardín.

― Si pero no en la alberca de afuera, si no en la de aquí adentro.

― ¿tienes una piscina temperada?— pregunte incrédula— ¿Dónde?

― Vamos a cambiarnos y te diré.

Pedro se levanto de la mesa y consigo llevo al fregadero todo lo que estábamos ocupando, me tomo una de mis manos y me llevo hacia la habitación, caminamos rápidamente hasta llegar a la puerta.

― Pero… pero— intente replicar— Pedro, no tengo traje de baño— él se giro cuando ya estábamos en la puerta de mi habitación y me dio una torcida y sexy sonrisa, creía que me iba a caer en el mismo momento.

― Eso no será problema— me dijo con su voz en un tono aun más sensual.

― No nadare desnuda— le dije intentando leer lo que estaba pensando

― Lo sé, no me refería a esa, mi hermana siempre tiene algo de ropa aquí, creo que debe tener algún traje de baño, espérame aquí.

Pedro se metió en una de las habitaciones del fondo del pasillo y se perdió por unos momentos, este hombre sí que estaba loco, volvió con sus manos llenas de prendas de vestir.

― Espero que algo de esto te sirva— las puso sobre mis manos— son de mi hermana Caro— asentí algo desconfiada, los trajes de baño no lucían como la imagen que tenia de la hermana de Edward, alguien igual a él.

― Bien, me los probare— Pedro me dio un beso en la coronilla y se fue a cambiar.

Me metí en la recamara y rápidamente me probé todo lo que él me había entregado, debo decir que los bañadores dejaban muy poco a la imaginación, intente acomodarme el que me quedó mas grande o me tapaba mas piel y Salí de la habitación envuelta en una polera larga, cuando iba caminando por el pasillo Pedro me alcanzo en la escalera. Me miro de pies a cabeza y sonrió. Llegamos al primer piso y nos dirigimos por el mismo camino para ir a la cocina, cuando llegamos a una puerta que estaba antes de ella nos metimos y bajamos unas escaleras, el calor abrazador de la alberca se sentía a medida que iba bajando, cuando por fin estuvo frente a mis ojos me maraville por el tamaño y la forma que tenia, era como una pequeña cascada en un subterráneo.

― Wow— exclame, Pedro me llevaba de la mano hacia dentro, caminamos por los suelos de cemento pulido, el ambiente caluroso y abrazador provoco que pequeñas gotas de sudor se formaran en mi frente y nariz.

― Si es genial, esta alberca venia con la casa, a los dueños anteriores les encantaban así, como cascadas.

― Es hermosa
― Bien, ¿vamos a nadar?— me pregunto, mientras se sacaba la playera con la que andaba, el short con el que quedo se ajustaba perfectamente a sus caderas, era corto y ceñido, una pequeña combustión comenzó a arremolinarse en mi cuerpo, sentí la excitación con solo mirar su hermoso cuerpo— ¡vamos!— me dijo antes de lanzarse al agua, por primera vez en el día lo veía feliz y relajado, era como siempre me gustaría verlo, disfrutando de alguna actividad. Con un pudor que no supe de donde salió me saque la playera, Pedro me miraba atentamente del agua, sus ojos oscuros y esa sonrisa dejaban al descubierto lo que pasaba por su mente, que curiosamente era lo mismo que pasaba por la mía. Metí un pie al agua y mi cuerpo se estremeció, el calor del agua y el frio de mi cuerpo hicieron mal contraste provocándome una sensación de frio.

― ¡vamos Pau!— me dijo lanzándome un poco de agua, sonreí y al mismo tiempo fruncí un poco mi ceño, baje un poco más las escaleras de la alberca hasta que mis rodillas estuvieron dentro del agua, Pedro nado hacia donde yo estaba antes de que pudiera retroceder ya estaba casi a mi lado, salió del agua rápidamente y se paro en frente mío— ¿estarás aquí todo el rato?— me dijo cerca de mi boca, sus húmedos labios se aplastaron contra los míos, sentí sus respiraciones rápidas sobre mi piel al separarnos. Uno de sus tibios dedos pasó por mis hombros y se deslizo por la hendidura de mis pechos— lindo bañador— me dijo con voz provocativa.

― Igualmente— respondí con tono sensual, baje mis labios hacia sus hombros y lamí la parte inferior de su cuello, el gimió.

― Pau— me dijo tomándome de la cintura y aplastándome contra su húmedo cuerpo.

― ¿no querías nadar?— le dije separándome un poco— entonces vamos— sonreí.

― Niña mala— murmuro cuando pase por su lado. Me metí en el agua y nade unos cuantos metros seguida por él.

La mañana la pasamos metidos en la alberca, creo que nos divertimos como pocas veces lo habíamos hecho, fue una mañana muy sensual y erótica, el agua nos sirvió para explorar cosas que jamás habíamos probado, Pedro Alfonso era un maldito vicioso y me había convertido a mi también, no sé porque pero no podía dejar de tocarlo, su cuerpo, su piel y en especial su corazón me invitaban a hacerlo.

― Iré al baño, vuelvo enseguida— le dije alrededor del medio día.

― Ve— me dijo y se lanzo nuevamente a la piscina.

De verdad no quería ir, solo quería pensar. Camine por los pasillos de la casa y casualmente di con el cuarto del piano, gire la manilla y estaba abierto. Mire hacia los lados y al parecer nadie me estaba viendo, ¡Bella! No había nadie en casa hoy, dije solo para mí. Entre en la enorme habitación y estaba igual que como la recordaba, el piano nuevamente cubierto me hacia una invitación para que lo mirara. Saque la sabanilla que lo cubría y deslice mis dedos nuevamente por las teclas, cerré mis ojos y casi podía imaginar a Pedro tocando para mí pero sabía que ese era un sueño. Me senté y puse uno de mis dedos en la tecla, ¿Cómo el tiempo podía cambiar tanto a alguien?, ¿realmente Pedro había olvidado todo lo que le gusta en la vida? ¿Había olvidado como ser feliz? O peor aun ¿lo habría sido en algún momento?, las preguntas no dejaban de aparecer en mi mente, quizás algún día podría responder aunque sea alguna.

― Pedro— susurre solo para el enorme piano y para mi, mi dedo bailo sobre algunas teclas pero sin conseguir que el sonido fuera armonioso, yo era un desastre jamás había logrado juntar ni una sola nota musical pero tenía la impresión de que lo que decía Fede era verdad y el tocaba como toda un prodigio, la tecla sonó una vez mas y cerré mis ojos, ojala el recuperara la vida que perdió cuando dejo de tocar, cuando perdió la alegría de vivir o cuando dejo de ser humano para convertirse en ese corazón de hierro. Una vez mas sonó una de las piezas de marfil que llamábamos teclas solo que estaba vez un sonido nuevo acompaño al otro, y otro, otro más, una melodía. Abrí mis ojos de manera estrepitosa y mire hacia mi lado, el rostro de Pedro estaba en mi hombro, sus manos pasaban por al lado de mis brazos alcanzo las teclas del piano, su cuerpo estaba sentado justo detrás del mío, estaba tocando Pedro nuevamente estaba tocando el piano

― Así no se hace— me dijo mientras la melodía suave llenaba la habitación— dime ¿Qué compositor te gusta más?— pensé rápidamente

― Chopin— le dije alucinada con solo verlo tocar. Siguió tocando una dulce melodía, parecía estar pensando.

― Chopin, Op. 9 Nº2… Nocturnal ( http:// www.youtube.com/watch?v=YGRO05WcNDk ) 

Los dedos de Pedro comenzaron a tocar, no podía creerlo, ¡estaba tocando! Y lo hacía solo para mi, mis ojos se llenaron de una emoción que me fue difícil controlar, jamás había esperado que el tocara algo para mí. La melodía comenzó a envolverme, miraba hacia cada lado y los dedos de Pedro parecían bailar sobre el teclado, ¡dios! Era un prodigio, la melodía era suave y demasiado hermosa. No sé porque pero definitivamente sonaba más bella en sus dedos. Me sentía feliz, sin duda este era el momento culmine de una semana que no podría ser mejor, estaba en los brazos de mi amado disfrutando de su música.

― Tocas hermoso— susurre emocionada, las manos de Pedro seguían deslizándose por el piano, el sonrió y perdió sus ojos y los míos, sin poder evitarlo acorte la distancia y bese sus labios, no pude resistirme. La música lentamente dejo de sonar, sus manos al verse libres de tocar se fueron hacia mi cara y acariciaron mis mejillas, ¡como era dulce! ¿Cómo no amarlo? Si era el ser más hermoso que pisaba la tierra.

― Gracias— susurro dando besos en las comisuras de mis labios— hace años que no lo hacía.

― Deberías hacerlo un habito— sonreí

― Siempre que tú seas mi público— me dijo, mi corazón latió desbocado y perdí la cordura.

― Siempre, siempre que tú quieras estaré aquí, siempre que me quieras a tu lado, aquí me tendrás, aquí estoy— le dije sentándome a ahorcadas sobre él.

― Y aquí te quiero— repitió— quédate— acaricio mi cabeza y mis labios— quédate— susurro nuevamente.

Mi beso fue salvaje, este hombre despertaba todo en mí, podía amarlo y desearlo con la misma intensidad con la que quería que fuera mío por siempre, estaba enamorada y daría la vida si fuera necesario, por ese hermoso corazón, pagaría hasta el más ínfimo de mis pecados. Sus manos me sujetaron de la cintura pegándome aun mas a su regazo, mi cuerpo comenzó a moverse espontáneamente creando una fricción con su entre pierna, gemí muy despacio sobre sus labios cuando sentí que mis movimientos tenían el efecto que quería, lo deseaba en este mismo momento.
― Pau— gruño contra mi piel, saco rápidamente el traje de baño que nos estorbaba dejándonos completamente expuestos, el sol entraba por la ventana bañándonos de cálidos rayos que aumentaban un poco el calor que ya sentíamos, la combustión espontanea que el causaba jamás la había sentido con nadie, no hacía falta nada más que me tocara para sentirme deseada.

Me tomo en sus brazos y me beso fieramente, mi pecho quedaba contra el suyo y mis piernas se enrollaban en su cadera apretándolo más hacia mí. Me deposito sobre el teclado del enorme piano de cola, sus caderas se refregaron contra la mía con lujuria anticipando lo que venía, beso mis pechos, mi abdomen, mis muslos, sentí el deseo recorrer por cada parte que había, estaba frentica, ansiaba sus caricias, sus besos y todo lo que él me producía, quería que recorriera mi cuerpo y me hiciera gemir su nombre mientras lo sentía dentro de mí.

― Tan hermosa— me susurro contra la piel de mi cuello, tomo el aroma de mi piel y siguió besándome hasta llegar nuevamente a mi boca, mis manos se aferraron al piano, su cuerpo nuevamente se presiono contra el mío, su potente erección rozo mi entrada haciéndome lanzar un gritito de placer, la corriente que se disperso por mi piel fue la misma pero que se acrecentó en el momento que entro en mi.

― ¡Ah! Pedro— gemí contra su lóbulo, mi lengua lo lamio y jadee cuando sus manos me sujetaron de la cintura y comenzó a bombear, embistió mi cuerpo suavemente, como si se tratara de una figura de porcelana, su cabeza se iba hacia atrás gimiendo mi nombre.

Sentía que el placer me estaba jugando una mala pasada, mi cabeza giraba y no era capaz de pensar en nada solo en sentir el cuerpo de mi amado cerca del mío. El ritmo que el mismo llevaba se incremento al igual que los sonidos que salían de nuestros pechos, las respiraciones se volvieron erráticas y las manos buscaron mas piel de la cual acariciar, el vaivén fue frenético y los jadeos llenaban por completo la habitación, estaba alcanzo el clímax, Pedro embistió solo unas cuantas veces más y su grito rompió todo mi control, alcance solo unos segundos después un maravilloso orgasmo uno que solo él podría haberme producido.

― Ah— jadeo muy fuerte, su cuerpo colisionó contra el mío, su cabeza quedo en mi pecho, la mía estaba completamente arqueada hacia la cola del piano, ambos respirábamos como si hubiéramos corrido por un cerro toda una mañana. Subió sus manos y me paro del teclado del piano, mis piernas nuevamente pasaron por sus caderas, me condujo hacia unos sofás que habían en un rincón, nos dejo caer sobre ellos sin poder evitar el cansancio, mi cabeza se apoyo en su pecho, su corazón estaba desbocado al igual que el mío.

¡Dios como lo amaba!, no me importaba nada, solo lo necesitaba a él, siempre mío, por siempre para mí. Pedro Alfonso lo era todo, era mi dios, mi sol y mi amor, no necesitaba nada más.

― Te Amo— deje escapar en un suspiro, de inmediato sentí el peso de mis palabras, el cuerpo de Pedro se tensiono por completo y dejo escapar un jadeo de sorpresa.

― Pau ¿Qué fue lo que dijiste?— me pregunto y me congele de inmediato. Mi cuerpo se convirtió en piedra sobre la piel de su cuerpo.

¿Le había dicho que lo amaba?, con un demonio ¡lo había hecho!, le había dicho lo que mi corazón quería gritar pero que jamás iba a dejar salir, hasta ahora, ya estaba expuesta, le había entregado en bandeja de plata mi corazón para que el hiciera lo que le plazca con lo poco que queda de mí, porque lo demás se lo había entregado en secreto a este amor que ahora estaba expuesto ante sus ojos. Este era mi fin…






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